MASONERÍA: Mi experiencia: INICIACION MASONICA.

La palabra «iniciación» aparece en la masonería en los últimos años del siglo XVIII, cuando codificaron prácticas iniciáticas de antiguas religiones, entre las que preponderaba la egipcia.

Ello prueba -una vez más- que la masonería actual, es un puzzle montado con piezas de aquí y allá.
Y aún cuando en parte, ya ha quedado escrito a lo largo de este blog, explicitaré ahora mi opinión sobre la iniciación masónica.

Aquellos interesados en el tema, y que lo han estudiado en profundidad, conocen que el masonismo actual, carece de conocimientos susceptibles de ser transmitidos, algo que es palpable para quien pertenece o ha pertenecido a ésa organización.

Más aún, los eruditos en la materia así lo tienen publicado, tal es el caso de Juan Carlos Daza en su Diccionario de la Francmasonería, quien al comentar la entrada iniciación, dice:

«Estudiando las diferentes culturas y tradiciones, nos damos cuenta de que la iniciación como tal no existe ya de forma real y tradicional, sino que ciertos grupos tratan de mantener vivo el sentido esotérico de algunos legados».

Ese es el caso específico de la masonería, que «trata de mantener vivo el sentido esotérico de un legado», que desde luego, ni tan siquiera recibió : simplemente inventó su propio legado, al apropiarse de la ceremonia en la que los aprendices de los maestros canteros del gótico, demostraban su pericia en la ejecución de los trabajos de cantería habituales en dicha profesión, con lo cual superaban su periodo de aprendizaje.

Pues bien, ese momento de inflexión en la vida de los citados aprendices, fue sobredimensionado, ensalzado, enaltecido y glorificado por los masones, para sobre él diseñar una organización (recuerdo a los lectores que la masonería tiene partida de nacimiento), que vende aquello que no tiene, ni nunca ha tenido; es decir, tradición iniciática.

Tradición que por otra parte, no son capaces de explicitar en qué consiste; he ahí, lo que podríamos denominar como publicidad engañosa.

Para justificar ese pretendido conocimiento -al mismo tiempo que disfrazan su carencia-, utilizan un lenguaje alegórico, que se presta a multitud de interpretaciones, confusión que realzan con la puesta en escena de sus rituales o psicodramas.

Es un hecho que en la antigüedad, el conocimiento que poseía la humanidad, perduraba inalterable durante centurias y décadas, por lo que quizás tendrían algún sentido ciertos ritos iniciáticos de acceso a ése conocimiento (el que fuere).

Sin embargo, en nuestros días, los nuevos conocimientos se acumulan de forma vertiginosa casi diariamente, y con la misma frecuencia hemos de adquirir nuevas actitudes y aptitudes que nos permitan seguir viviendo plenamente en nuestra Sociedad.

Es decir, las iniciaciones a nuevos conocimientos (técnicos, medioambientales, políticos, sociales, etc.) se producen con tal celeridad, que sería ridículo realizar en cada caso, algún tipo de ritual que «certificara» el conocimiento adquirido, aún cuando en estos casos, ése conocimiento es real.

La masonería con su discurso retórico, induce subliminalmente a quienes lo escuchan, para que crean que su iniciación facilita el «ticket de entrada» a la comunicación individual con supuestos estados mentales superiores, así como el acceso a antiguas doctrinas esotéricas.

Es decir, si atendemos a esos discursos sobre los «beneficios» y «transformación personal», que comporta la iniciación masónica, es fácil advertir que sus pretensiones -nunca admitidas, aún cuando sí implícitas- inducen a relacionar, como antes decía, esa iniciación con la obtención de determinados «poderes», pretensión que remite necesariamente a la magia, que como es bien sabido, es una práctica en la que la obtención de resultados, está en relación causal con que se practiquen correctamente técnicas rituales específicas, preparando de esa manera al nuevo adepto, para el momento en que le adoctrinen sobre el GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO, denominación claramente religiosa, si atendemos a que la religión ímplica la creencia en fuerzas o seres sobrenaturales.

Pues bien, esa es la gran falacia del masonería. También, su absurda pretensión de seguir denominando como «iniciación», lo que simplemente es «admisión» en un grupo humano que realmente no tienen ninguna proyección en la Sociedad, ya que no le es posible explicitar cual es su contribución (intelectual, social, política, etc. etc.) a dicha sociedad.

¿Para qué entonces continuar utilizando el eufemismo de «iniciación» por admisión?.

Es decir, todos los trámites -los describo al final- y rituales para la admisión en la masonería, están diseñados para que el aspirante se someta a Otros, aceptando acríticamente las normas creadas por esos Otros, algo que es muy valorado por algunos aspirantes a masón, ya que renuncian voluntariamente a la propia independencia de criterio, sometiénsode así a los desvarios metafísicos de sus «maestros masones», postura personal que indudablemente resulta muy cómoda, ya que se renuncia a pensar por sí mismos.
En definitiva, la función de la «iniciación» masónica es simplemente, la de dejar constancia de la pertenencia al grupo, así como la de adherirse a sus normas, dogmas y ritos. Obviamente, como todos los «contratos de adhesión», en un primer momento lo tomas o lo dejas. Posteriormente, cuando analizas las «cláusulas», surgen las discrepancias, al constatar sus normas caducas, ritos cuasi cómicos y dogmas mantenidos contra viento y marea.

Al aceptar ése contrato de adhesión, la masonería se encarga de decirte alto y claro, que:

La iniciación masónica es un acceso reglado a un grupo humano, que detenta un conocimiento específico para ayudar al ser humano a un encuentro consigo mismo, que le permita replantear su proyecto vital, desde instancias más originales y congruentes.

Obviamente nos están diciendo explícitamente a los no masones, que nuestro proyecto vital es una imitación (¿de qué?) e incongruente.

Patético que una doctrina, en éste caso la masónica, para venderse a sí misma, necesite denigrar a los que no son masones, relegándolos al status de personas sin proyecto vital ó como decimos por aquí abajo «desnortados» vitalmente. ¡¡¡Vds. señores masones, son únicos haciendo amigos!!!.

Hasta aquí mi refutación de la llamada -por los masones- iniciación masónica.

De como la «adornan» con piedras esparcidas por el suelo para que tropiece el nuevo miembro, los golpes en el mismo suelo con objetos metálicos para asustarle, así como la fuente de calor que le aproximan (sin dañarle) y las otras chiquilladas a que le someten, están archipublicadas minuciosa y detalladamente por los mismos masones, por lo que entiendo que no merece mayor atención por mi parte.

Trámites para la admisión en el masonismo:

El proceso para la admisión del que solicita ingresar en la masonería, se inicia con una primera entrevista, que realiza el maestro masón que haya designado la logia a tal fin; en dicha entrevista se le pregunta al candidato, de una forma general, por sus motivaciones para ingresar en la masonería, intenciones, y qué sabe y como ha tenido noticias de la existencia de la masonería.

Ese maestro masón presenta a la logia un informe con su opinión y recomendación; sí ambos son favorables y la logia lo decide así, se concierta una segunda entrevista. En ella, otro maestro realizará otra entrevista más extensa, en el curso de la cual los «aplomadores» (así denominan a los maestros que realizan las entrevistas) suelen utilizar el siguiente cuestionario, con ligeras variantes.

El pasado:

* Origen familiar, ascendientes (profesiones y edades de estos, así como otros datos que el entrevistado pueda considerar significativo sobre los mismos).

* Colegios desde su primera escolarización.

* Nivel máximo de estudios alcanzado.

* Edad, lugar de nacimiento.

El presente:

* Situación familiar actual; en su caso, ocupación de su compañera, numero de hijos, estudios y profesiones de estos.

* Profesión del solicitante.

* Autoevaluación de éste, sobre las posibilidades reales (familiares, económicas, laborales, mentales e ideológicas) que tiene para emprender su carrera masónica.

* Ocupaciones fuera del trabajo: deportes, partidos políticos, ONGs, sindicalismo y asociaciones a las que pertenece o ha pertenecido. Diversiones que prefiere. Relaciones sociales.

* Sentimientos religiones. Corrientes filosóficas que prefiere. Concepciones económicas y sociales.

* Postura ante los problemas de nuestro tiempo: terrorismo, justicia, inmigración, racismo, juventud, seguridad ciudadana, globalización, droga, hambre, feminismo, educación, etc.

* Tendencia política.

* Opinión que tiene el profano de sí mismo.

El futuro:

* Objetivos en la vida. Ambiciones. Esperanza de futuro.

Masonería:

* Beneficiones morales y espirituales que espera de su pertenencia a la masonería. (Dan por hecho que se alcanzan)

* Que puede aportar él a la masonería.

* Que cosas o ventajas espera conseguir en la masonería y que está dispuesto a hacer para ello.

El informe de ésa entrevista es presentado también a la logia, en cuyo momento cualquiera de sus miembros puede preguntar al aplomador, sobre alguna de las cuestiones que éste haya presentado. Si la logia accede, se concreta una tercera y última entrevista.

En la misma, otro maestro distinto, y desde otros supuestos, intentará indagar en temas como moralidad, actitud ante la vida, equilibrio psíquico y posibles adicciones (si se le hubieren detectado), así como sobre la socialización. Además en esta última entrevista, el entrevistador responderá a todas las aclaraciones que le pida el candidato, informándole ampliamente.

Si esta entrevista resulta favorable, se le indicará al solicitante la fecha en la que será admitido en la masonería y, en la que se realizará el docudrama del neófito, que quizás (al menos algunos, se sienten tan «formidables» y «poderosos») se imaginen ser similares al personaje de la fotografía.

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