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La palabra rito en Masonería tiene dos sentidos diferentes, según se escriba con mayúscula o minúscula. Se designa Rito a una rama particular de la Francmasonería, de la misma forma que dentro de la Iglesia hay diversos Ritos, como el Rito Maronita, el Rito Copto, el Rito Latino…, etc. De esta forma se podría definir el Rito como una presentación particular de la Francmasonería cuyo carácter se distingue del de los otros Ritos por la forma. Entre los muchos Ritos que existen en Masonería se pueden señalar el Rito Escocés Rectificado, el Rito de Emulación, el Rito de Perfección, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el Rito de Misraim, el Rito de York, el Rito Francés, el Rito Sueco, etc., etc. Tagón ha recopilado hasta 52 Ritos diferentes. Sin embargo, el número de Ritos es mucho mayor, ya que solamente en el Diccionario Universal de la Francmasonería, de Daniel Ligou, hay recogidos nada menos que 154 Ritos masónicos.

Se denomina rito (con minúscula) los diversos actos ceremoniales de iniciación (como el rito de despojar de metales al iniciado) o de desarrollo de los trabajos dentro de la Logia, cuyo formalismo está regulado según su finalidad iniciática.

A su vez se llaman grados en Masonería la sucesión de iniciaciones que enseñan la doctrina y fines de la Orden. El número de grados varía según los Ritos. La masonería simbólica, llamada también Azul, está compuesta de tres grados; el Rito Escocés Rectificado tiene 7; el Rito de Memphis y Misraim llega hasta 99; el Rito Escocés Antiguo y Aceptado –uno de los más generalizados– consta de 33 grados. En este Rito los tres primeros grados se llaman simbólicos, dogmáticos o fundamentales, y constituyen la masonería azul. Los grados “capitulares” abarcan del cuatro al diez y ocho, y constituyen la masonería roja. Los grados “filosóficos” comprenden del diez y nueve al treinta, y forman la masonería negra. Los tres últimos grados, llamados “sublimes, consistoriales o administrativos”, agrupan a los que integran la masonería blanca.

Suelen conferirse solamente los siguientes grados: Uno, dos y tres (simbólicos); diez y ocho (último de los capitulares); treinta (último de los filosóficos); treinta y uno, treinta y dos y treinta y tres (sublimes).

Los grados de cada Rito se dividen, pues, en series u órdenes, y las series en clases. Cada grado lleva consigo sus ritos de iniciación particulares, su catecismo, su juramento, sus símbolos y modos de reconocimiento especiales. Los grados tradicionales –que constituyen la base o esencia de la masonería– los tienen todos los ritos.

Estos son los tres primeros, llamados también simbólicos o fundamentales, a saber: el aprendiz, albañil u obrero; el compañero, oficial o constructor; y el maestro, patrón o arquitecto.

Para poder ingresar en la masonería hace falta tener una determinada edad. Sin embargo la edad se entiende en la masonería de dos maneras. La primera, es la edad de admisión. La regla es que nadie puede ser recibido masón antes de haber alcanzado la “edad de hombre”, exigencia que actualmente se interpreta como la edad de mayoría civil, que varía según los países: 21 años, 18 años, etc. La dispensa de edad puede ser concedida por el Gran Maestre, aunque es raramente otorgada, a no ser que se trate de hijos de masones. La segunda, es la edad simbólica. En algunos Ritos, especialmente en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, corresponde una edad a cada grado:
CUADRO DE GRADOS Y EDADES DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO Grado Nombres Edad
1º Aprendiz 3 años
2º Compañero 5 años
3º Maestro 7 años y más
4º Maestro secreto 3 veces 27 años cumplidos
5º Maestro perfecto 1 año para abrir los Trabajos
7 años para cerrar los Trabajos
6º Secretario íntimo 10 años; el doble de 5
7º Preboste y Juez 14 años; el doble de 7
8º Intendente de Fábrica 3 veces 9 años
9º Maestro Elegido de los Nueve 21 años cumplidos; el triple de 7
10º llustre Elegido de los Quince 25 años cumplidos; 5 veces 5
11º Sublime Caballero Elegido 27 años
12º Gran Maestro Arquitecto 45 años, 5 veces el cuadrado de 3
13º Real Arco 63 años cumplidos; 7 veces el cuadrado de 3
14º Gran Elegido Perfecto y Sublime masón 27 años cumplidos
15º Caballero de Oriente o de la Espada 70 años
16º Principe de Jerusalén 25 años cumplidos
17º Caballero de Oriente y Occidente Sin edad
18º Caballero Rosa Cruz 33 años
19º Gran Pontifice o Sublime Escocés Sin edad
20º Venerable Gran Maestre de todas las Logias Regulares Sin edad
21º Patriarca Noachita Sin edad
22º Caballero de la Real Hacha Sin edad
23º Jefe del Tabernáculo Sin edad
24º Príncipe del Tabernáculo Sin edad
25º Caballero de Airain o de laSerpiente de Bronce Sin edad
26º Príncipe de la Merced o Escocés Trinitario 81 años
27º Gran Comendador del Templo Sin edad
28º Caballero del Sol Sin edad
29º Gran Escocés de San Andrés 81 años
30º Gran Elegido Caballero Kadosch Un siglo y más
31º Gran Inspector Inquisidor Comendador Sin edad
32º Sublime y Valiente Príncipe del Real Secreto Sin edad
33º Soberano Gran Inspector General 33 años cumplidos

Muchos de estos grados ya no se practican, pero la explicación de estas edades simbólicas, cualesquiera que sean, permanece la misma. Informarse de “la edad” de un masón, equivale a preguntarle su grado, y en la Masonería escocesa, a cada grado corresponde un Número cuya explicación pertenece al Hermetismo. Así, el Aprendiz tiene tres años porque ha sido iniciado en los misterios de los números 1, 2 y 3. (Al Índice.)
Aprendiz

Es el primer grado de la Francmasonería. El “período de ensayo” en las antiguas corporaciones duraba varios años, y sólo después de haber hecho sus pruebas era agregado o incorporado; de ahí el nombre de Entered Apprentíce que la Francmasonería inglesa ha conservado, y que se podría traducir por “Aprendiz registrado”.

El delantal del Aprendiz está hecho con piel de cordero, blanca, símbolo de inocencia, y debe llevar el reborde levantado –pues no sabe todavía trabajar– a fin de protegerse.

Desde el día de su iniciación comienza “a trabajar la piedra bruta”; lo que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado simboliza poniéndolo en la mano el mallete para que golpee simbólicamente los primeros golpes destinados a desbastarla.

Los útiles que la Masonería le confía son la regla de 24 pulgadas, el mallete y el cincel. Cada uno de estos útiles comporta una utilidad constructiva propia, pero la Masonería moderna al no construir ya edificios materiales, le aplica un segundo sentido, que es esotérico. Cada útil tiene una significación moral que le es explicada en el rito de la “presentación de los útiles”.

En la Logia los Aprendices se sitúan al lado de la columna del Norte, frente a la del Sur La Regla engendra la línea recta, dirección de nuestra conducta.

El Cincel simboliza las ventajas de la educación. Sostenido con la mano izquierda debe ser aplicado sobre la piedra bruta a fin de trabajarla. Pero para que este trabajo sea eficaz es idispensable que el útil complementario, el mallete, sostenido con la mano derecha, golpee la cabeza del cincel de forma correcta. Caso contrario el mallete sólo no sería otra cosa que un instrumento de destrucción, impropio, sin el cincel para transformar la piedra bruta en piedra cúbica.

La significación alegórica y moral de lo que precede es: el trabajo del hombre sobre sí mismo para realizar su propia perfección, trabajo difícil y duro, pero que la Francmasonería tiene por fin facilitar poniendo en las manos del que quiere intentar sinceramente este accésit los “útiles”, es decir, las enseñanzas y los ejemplos necesarios. (Al Índice.)
Compañero

El grado de Compañero es el segundo de la Francmasonería simbólica. El Compañero, se podría decir alegóricamente que es el obrero cualificado. Mientras el Aprendiz trabaja con el reborde de su delantal levantado, pues todavía está en fase de aprender el oficio, el Compañero lleva un delantal cuyo reborde está bajo (sin levantar).

Sus útiles, en el Rito Emulación son la escuadra, el nivel y la plomada. En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el cincel, el mallete, la regla, la palanca y la escuadra. Estas variantes de un Rito a otro son de hecho sin importancia ya que para repartir los útiles entre los tres grados, los ritualistas no han seguido un orden estricto.

La escuadra es la segunda de las tres Cirandes Luces que iluminan la logia. La 1. a es el Volumen de la Santa Ley [la Biblia], y la 3.a el Compás. La escuadra simboliza la rectitud moral, razón por la que sus brazos son rígidos [De ahí la expresión: Vivir según la Escuadra]. Numerosas tumbas de arquitectos de la Edad Media representan la escuadra y el compás asociados, pero con un sentido puramente operativo. Fuera de la Masonería, se encuentra este símbolo en otras partes, como en la filosofía china, con la misma significación.

El nivel simboliza la igualdad. La palanca no figura en todos los ritos masónicos. Alude al poder irresistible inteligentemente aplicado. La plomada simboliza la Vertical jerárquica, y en inseparable del nivel equivalente de la igualdad. (Al Índice.)
Maestro

Como todas las corporaciones medievales, la de los masones estaba integrada por Maestros, Compañeros y Aprendices. El Maestro masón significa un maestro de obras que tiene compañeros y aprendices bajo sus órdenes. Este concepto operativo no corresponde exactamente al del tercer grado de la masonería especulativa, sino más bien al del Venerable Maestro que es el que preside la logia y es elegido por un ano, teniendo como emblema o atributo de autoridad un gran mallete. El grado de maestros correspondería más bien a un conjunto de “patronos”. Es una noción propia de la masonería especulativa que representa una clase de Maestros iguales entre sí y que constituye una categoría colocada también ella, bajo la dirección del Venerable. el emblema más representativo del Maestro es el compás.

El Compás es la tercera de las tres Grandes Luces que iluminan la logia. Considerado como símbolo en general, el Compás ha sido utilizado por numerosas escuelas del pensamiento, no sólo en Occidente, sino incluso en la Antigua China. En la Edad Media los imagineros representaron con frecuencia al Creador teniendo el compás y trazando los límites del universo; de ahí que los francmasones le reconocen como el Gran Arquitecto del Universo. La Francmasonería operativa también representó en numerosas ocasiones a sus maestros teniendo el compás en sus manos.

Como todo símbolo, el del compás, tiene diversos sentidos, y esta diversidad no implica ninguna contradicción, pues en simbolismo no hay significaciones oficiales. En el Rito Emulación, el Compás significa los justos límites en los que el masón debe mantenerse en sus relaciones con sus semejantes y en especial con sus Hermanos masones. Considerado, no como la tercera Gran luz sino como útil de trabajo del grado de Maestro, simboliza la imparcialidad y la infalibilidad de la justicia del Todo-Poderoso, pues fijó los límites del bien y del mal para la instrucción de los hombres, que “recompensará o castigará según hayan obedecido o transgredido a sus divinos mandamientos”.

En el Rito Rectificado, el Compás es uno de los “muebles emblemáticos” de la logia; sirve para “trazar planos con justas proporciones”.

En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, asociado con la Escuadra concurre al encuadre de la letra G. Simboliza a veces la rectitud de las concepciones teóricas, razón por la cual los mejores trazados se obtienen al no separar demasiado, ni insuficientemente las ramas. Igualmente está asociado a la regla, el símbolo de lo relativo, no en el tiempo sino en el espacio, pues circunscribe la línea derecha en un espacio limitado.

Para acceder a estos grados había y hay que pasar por la “iniciación” correspondiente. Y de la misma manera que fuera de la masonería tiene cada iniciación sus formas particulares, la iniciación masónica, derivada de las iniciaciones gremiales operativas y de las de los Compañeros todavía hoy existentes en Francia, se refiere, por una parte, el arte de la construcción y, por otra, a ciertos misterios- o tradiciones antiguas, relacionadas con el mito de Hiram.

La Masonería se propone el “Arte de construir” el Templo ideal. Este Templo es el Hombre en primer lugar, y la Sociedad después. En la iniciación masónica, el profano, al “recibir la luz” se convierte en aprendiz masón; su trabajo esencial consiste en “desbastar la piedra bruta” y para ello le son suficientes dos instrumentos: el cincel y el martillo. Cuando su habilidad se haya desarrollado se transformará en compañero y aprenderá el uso de nuevos instrumentos de trabajo. Más tarde accederá a la maestría que le dará el derecho y el deber de enseñar la ciencia masónica a los aprendices y a los compañeros.

En los dos primeros grados el masón trabaja sobre sí mismo: de “Piedra bruta” debe llegar a “Piedra cúbica”, y entonces se puede integrar en su lugar en el edificio, o si se prefiere en el Templo ideal. Este trabajo es más o menos largo de conseguir; algunos tal vez jamás llegan a “desbastar la Piedra bruta”, no por falta de capacidad, sino porque no sienten la necesidad.

En la ceremonia de iniciación masónica en el grado de aprendiz el profano es introducido en el templo con los ojos vendados, símbolo de la ignorancia y del no-conocimiento, desprovisto de metales pues la logia es lugar de paz y concordia, y bajo la forma de un mendigo, con el pecho y pie izquierdos descubiertos, en señal de pobreza y humildad; así sufre las pruebas de la tierra, el aire, el agua y el fuego. Solamente entonces, según el rito, se le quita la venda, y simbólicamente, se manifiesta ante sus ojos la luz del conocimiento.

La segunda iniciación masónica, la del compañero, evoca simbólicamente el viaje de la tradición de los compañeros; una larga peregrinación en la que el nuevo obrero se ponía en camino para adquirir aquí y allá nuevos conocimientos. Es el grado de la búsqueda del saber y del descubrimiento del mundo. El texto del ritual exige de los compañeros firmeza para caminar por el sendero de la prudencia, y valor para acercarse a la verdadera luz: “Sólo el hombre audaz podrá llegar a la triple Luz”. El simbolismo del 2º grado de la masonería es el viaje y la revelación de la estrella flamígera, el centro de donde parte la verdadera luz. Pues la estrella flamígera representa la luz iluminando el discípulo de los maestros, al obrero capaz de servirlos útilmente; es, pues, el signo de la Inteligencia y de la Ciencia.

El grado de maestro está centrado en la idea de la muerte y de la resurrección. Desarrolla la leyenda de Hiram, personaje del que se ocupa la Biblia. En el libro I de los Reyes [5, 15-32; 9, 10-14 y 22-23] se habla extensamente de Hiram, rey de Tiro, a quien acudió Salomón a fin de que le proporcionara cedros del Líbano para la construcción del Templo de Jerusalén. Pero el Hiram del que se trata en los rituales masones no es, ni mucho menos, el rey de Tiro. Era un obrero cualificado en la manipulación de los metales, en especial el oro, plata y cobre. Su descripción nos la hace también el autor del primer libro de los Reyes [7, 13-48]. Hijo de un tirio, obrero del bronce, y de una viuda de la tribu de Nephtalé. “Poseía gran habilidad, destreza y sabiduría para ejecutar toda clase de trabajos del bronce”. Salomón le hizo venir de Tiro para trabajar en la ornamentación del Templo y ejecutó todos sus trabajos. En el primer libro de los Reyes se puede apreciar el detalle de las obras que hizo para el embellecimiento del templo de Jerusalén. Entre otras obras se mencionan en la Sagrada Escritura dos columnas de cobre que tenían cada una diez y ocho codos de altura, rematadas por unos capiteles en forma de flores. Hiram colocó las columnas delante del vestíbulo del santuario y a la de la derecha le puso por nombre Yakin y a la de la izquierda Boaz [1, Reyes, 7, 21-22]. Según la leyenda el arquitecto Hiram tenía a sus órdenes numerosos obreros que los distribuyó en tres clases, cada una de las cuales recibía el salario proporcionado el grado de habilidad que le distinguía. Estas tres clases eran las de aprendiz, compañero y maestro, tenían cada una sus misterios especiales, y se reconocían entre sí por medio de palabras, signos y gestos que les eran peculiares. El hecho de su asesinato, obra de tres de sus discípulos a quienes no quiso darles a conocer su secreto de maestro, sirvió a la masonería ritual y simbólica para la ceremonia de iniciación del grado de maestro.

Desesperados de haber cometido un crimen inútil escondieron su cuerpo de noche, lejos de la ciudad, en un pequeño bosque y plantaron sobre su tumba una acacia. Los maestros constructores, después de manifestar su dolor, salieron en número de nueve en su búsqueda, divididos en grupos sucesivos de tres. Habiendo descubierto la acacia recién plantada, la arrancaron, abrieron la tumba y el maestro Hiram entonces resucitó.

El compañero que va a convertirse en maestro debe reproducir simbólicamente en su iniciación la muerte y la resurrección espiritual de Hiram, constructor del templo de Salomón. Condenado a muerte por la ignorancia, el fanatismo y la ambición, es devuelto a la vida por el saber, la tolerancia y la generosidad. Al mismo tiempo, golpeado tres veces, muere para los aspectos “material, psíquico y mental” del “hombre antiguo”, y renace a una vida nueva y en cierto sentido espiritualizada. El sentimiento que anima esta iniciación es la voluntad de convertirse en un hombre nuevo para ayudar a construir mejor el Templo, es decir: trabajar para transformar la humanidad y hacerla más fraternal. (Al Índice.)
Calendarios y números masónicos

Se llama Calendario Masónico el modo de computar el tiempo, usado entre los masones; es decir, la manera de expresar las fechas de un modo que no sea la empleada por los iniciados en la masonería.

La introducción del Cómputo masónico de tiempo, se debe a los Altos Grados de diversos Ritos. En 1875, algunos acordaron suprimirle, adoptando el calendario usual.

Los principales Calendarios masónicos son siete:

1º El del RITO SIMBÓLICO (el más usado en masonería).
La era masónica se obtiene añadiendo 4.000 al año en curso. Así 1989 es igual a 5989. El año masónico va del 1º de marzo (primer mes) al 28 de febrero (ó 29 si es bisiesto) del año siguiente. Febrero es, pues, el deudécimo mes. La datación masónica se obtiene según el ejemplo siguiente: 22 diciembre 1989 = 22º día del 10º mes 5989. Los doce meses de este año masónico reciben los nombres siguientes: Nissam = Marzo; Ijar = Abril; Sivan = Mayo; Thamuz = Junio; Ab = Julio; Eliul = Agosto; Tishri = Septiembre; Heshvan = Octubre; Kislev = Noviembre; Theved = Diciembre; Schevat = Enero; Adar = Febrero.
2º El del RITO ESCOCÉS.
Es el calendario hebreo puro. El año principia en septiembre; su numeración se obtiene agregando 3760 a la era vulgar, de manera que 1989 más 3760 = 5749. Los nombres y los días se designan por sus nombres hebráicos.
3º El del RITO DE MISRAIM.
Se reduce a agregar 4004 a la era vulgar, y por lo tanto a escribir 5993 en vez de 1989.
4º El del RITO TEMPLARIO.
Cuentan como año primero el de la fundación de la Orden, que fue el 1118 de la era vulgar, y escriben como año la diferencia entre la era vulgar y 1118, o sea 1989 – 1118 = 871, en vez de 1989.
5º El del RITO DE LA ESTRICTA OBSERVANCIA.
Toma como año primero el de la destrucción de la Orden de los Templarios, que fue el de 1314, y escriben la diferencia entre la era vulgar y 1314, o sea 1989 – 1314 = 675 en vez de 1989.
6º El de la ORDEN DE REALES ARCOS.
Consideran como año primero el de la fundación del segundo Templo de Jerusalén por Zorobabel en 530, antes de Cristo, y escriben la fecha añadiendo 530 a la era vulgar, o sea 1989 más 530 = 2519, en vez de 1989.
7º El de la ORDEN DE REALES Y SELECTOS MAESTROS.
Fechan desde 1.000 años antes de Cristo en que quedó terminado el Templo de Salomón, y añaden por lo tanto 1.000 a la era vulgar, escribiendo 2989 en vez de 1989.

Las siglas utilizadas en cada caso suelen ser las siguientes:

A.L. = Anno lucis. Año de la Luz. En algunos casos A.D.V.L. Año de la verdadera Luz. Es utilizado en los ritos Simbólico, Escocés y de Misraim.
A.O. = Año de la Orden. En los ritos Templario y de Estricta Observancia.
A.I. = Año de la invención. En el rito de la Orden de los Reales Arcos.
A.T. = Año del Templo. En el rito de la Orden de Reales y Selectos Maestros.

Por lo que respecta a los números, los masones los dividen en “femeninos” (los pares) y “masculinos” (los impares). El número 1 presenta a la divinidad; el 2, las tinieblas; el 3, es el número perfecto e indica la armonía; el 4, es el número divino; el 5, indica la luz, el matrimonio y la naturaleza, siendo definido como número hermafrodita, al estar compuesto del 3 (masculino) y del 2 (femenino); el 6, indica salud y justicia; el 7 es el número venerable; el 8, representa la amistad indicando el primer cubo: 2 + 2 + 2 + 2 = 8; el 9, es el número considerado finito; el 10, finalmente, indica el cielo porque conserva todas las relaciones armónicas: 1 (masculino) + 2 (femenino) + 3 (armonía) + 4 (número divino).

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Columnas Booz y Jachin

Columnas Booz y Jachin


Posted By on abr 22, 2014

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“BOOZ Y JACHIN”

 Al no haber testigos de la creación del universo, las cosmogonías ancestrales como las hipótesis de la ciencia actual, son narraciones un tanto alegóricas de lo que quizás debió haber sido la formación del cosmos.

Los templos como nuestras logias, son símbolos alegóricos del universo y el hombre; El agua lo es de la materia, y Las columnas * “Booz y Jachin” representan en la misma forma la dualidad universal.

La biblia nos narra en Rey de Reyes 7:15-26 que Salomón por medio de Hiram Abbif construyo un templo donde supuestamente debía morar *Jehová y frente a  la entrada del pórtico levanto dos columnas colosales que llamo “Booz” y “Jachin”  y frente a ellas un mar de bronce sostenido por doce bueyes que señalaban hacia los cuatro puntos cardinales.

Génesis Bíblico 1:1-2 narra que “El espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, pero estas aguas no eran el “H2O” porque el agua y la tierra la formo días después, de modo está hablando de la  “La material primordial” y caótica por no estar aún organizada, para comprender mejor lo que es dicha “materia” tendríamos que asemejarla a la “material oscura” en donde nacen las galaxias y planetas en el espacio cósmico; Pero esta “agua” o “material primordial” estaba caótica por su inertes, la materia debía cobrar movimiento para proceder a su organización, entonces, se dice alegóricamente que Dios a través de su aliento emitió la tan buscada “Palabra perdida” que algunas escuelas místicas suponen fue el verdadero nombre de Dios, otras que es el alma del hombre. Esta palabra hendió vibrante el útero cósmico engendrando movimiento y vida a la materia primordial inerte al mismo tiempo que el caos dejaba de existir para cobra orden a través del magnetismo y las fuerzas de atracción y repulsión como el positivo y negativo que dieron origen a los cuerpos u conjuntos celestes.

Desde la óptica de la Cábala, Kether la corona y punto más elevado dentro del “árbol de la vida” debería ser Jehová, sin embargo algunas escuelas lo ubican en Chokmah segunda sephirah que significa sabiduría o conocimiento y que sería el Adam Kadmón, que algunas tradiciones dicen que no es otro que Jehová, pero para simplificar y dejar de repetir, Kether o Jehová es él mismo en todas los sephiroth pero en diferente manifestación de consciencia.

Chokmah debió ser el primer Adam como arquetipo de la humanidad, pero el “uno” no puede crear algo por sí solo, como el pensamiento o la idea no es suficiente, de modo que Chokmah siendo positivo genero por reflexión de su propia sombra el “dos” o “Bina” la Eva superna como su parte negativa; Chokmah y Bina son los capiteles de las dos columnas que sostienen el árbol sephirotico, columnas que alcanzan la reconciliación de los opuestos mediante la tercera columna central o del equilibrio, que no es otra cosa que el hombre

Las iniciaciones de grados, son eventos que se llevan a cabo dentro del tempo como representaciones alegóricas de la encarnación y evolución del alma que emergiendo desde la llama eterna del oriente como una chispa inicia su recorrido desde oriente y lo continua por norte, poniente, sur y culmina regresando a oriente.

La columna “Aries” es el cordero de Dios y es el inicio del descenso del alma al mundo material pasando por Taurus, Géminis, Cáncer, Leo, y Virgo, María la siempre virgen antes del parto, en el parto y después del parto, María palabra que proviene de “Mare” o mar, la materia primordial en cuyo útero oscuro se habría de gestar el hombre luz que estaba destinado a ser El Cristo.

*María la material primordial, el agua del mar de bronce es el lugar donde la chispa divina o alma del hombre se cubre con la materia que formara su cuerpo físico; La biblia narra que Jehová cubre la desnudes de Adam y Eva con abrigos de pieles.

El hombre ya como un ser dual con alma y cuerpo físico emerge por la columna de “libra” con sus dos balanzas, y acto seguido, giran hacia el oriente por la columna de “escorpio” signo zodiacal regido por los órganos genitales como símbolo de la capacidad creadora obtenida por Adam y Eva, acto seguido asciende por Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis regresando al oriente en un ciclo más de renacer, crecer y morir eterno hasta alcanzar el grado de perfección y plenitud consciencia suficientemente iluminada como para no volver a nacer mas en cuerpo físico.

Lo último anterior, es uno de los significados de la decima carta del tarot “La Rueda de la Fortuna” que en cada esquina esta uno de los animales de los evangelistas, los cuales tienen una relación directa con cada una de las letras hebreas del nombre de Jehová en Hebreo  y los cuatro elementos que constituyen el universo, la serpiente hace girar la rueda en forma descendente por el lado norte y Hermanubis el dios con cabeza de chacal la impulsa hacia arriba por el lado sur.

“Todas las formas corresponden a ideas, pues no hay idea que no tenga su forma propia y particular” Todo cuanto existe dentro de nuestras logias incluyendo liturgias y rituales, solo hablan del hombre y Dios en un proceso evolutivo que inexorablemente los llevara a su propio reencuentro.

El hombre porta en el fondo de su mente un ideal a ser, este es el modelo que Jehová le ha presenta a Moisés en lo alto del monte y le pide que le haga una menorah o candelero de oro puro de siete brazos, que solamente es otra forma de representar la cábala o sea el hombre, el oro símbolo de pureza y perfección al igual que los siete brazos que le dan armonía y equilibrio, hablan del hombre perfecto o divino que late como un anhelo oculto en el fondo del ser humano.

Vivimos en un mundo de formas y es común que el hombre se aferra a la forma y se olvide de la idea; La alegoría y el símbolo son tan muertos como el Adam de barro hasta que el hombre insufle en su nariz el aliento de vida y se convierta él mismo en el símbolo, y a través de la experiencia vivencial por el intelecto, sentimiento y espiritualidad alcance la revelación del secreto.

El terrible guardián del umbral símbolo de nuestro ego y naturaleza inferior e instintiva siempre intentara conservar nuestro cautiverio en su reino de maya e impedirnos avanzar hacia nuestra propia realización y trascendencia que nos lleve hacia nuestra propia y verdadera naturaleza superior.

La frase “Cavar pozos profundos a nuestros vicios e imperfecciones” tan mencionada al final de nuestras tenidas, deben dejar de ser palabras sin intención de realizarlas; Jesús antes de ser aprendido, ora al padre en el monte Getsemaní y sudando sangre le dice “Padre, el espíritu está presto más la carne es débil y se revela” sí, el peor enemigo del hombre es el hombre mismo, su naturaleza inferior; Dios y Satán son fuerzas que no estan separadas del hombre, sino que forman parte de su propia naturaleza, y es él quien les da manifestación a través de sus propios actos de su vida.

La Santidad o divinidad no es propiedad de religión alguna ni depende de la aprobación de algún prelado terrenal, sino que es un derecho legitimo de todo ser humano como hijos de Dios, y de ninguna forma tiene relación o connotación con la debilidad, mansedumbre ni sometimiento a una autoridad ajena a su propio ser interior; El ideal del hombre a ser, incluye la santidad y divinidad como la perfección alcanzada en el modelo de hombre que Jehová le presenta a Moisés en la cima del monte.

*Jehová no es otra cosa que la humanidad, como lo es también Adam y Eva por sus raíces etimológicas de: Jah décima letra del alfabeto hebreo la “J” o “Yod”  representativa del fuego y predominantemente masculino y Hovah o Eva, de modo que Adam y Eva serian Jah-Eva o Jehová… Jehová es en la humanidad al mismo tiempo que la humanidad es en Jehová.

Los arcanos mayores del tarot llaman la atención porque en todos se puede observarse la dualidad presente como columnas, ríos, arboles, montañas y más… Porque en realidad, el universo al igual que el hombre, son duales en su naturaleza y triples en su manifestación.

El Sepher Yetzirah también menciona las columnas cuando literalmente dice:“Y de lo no existente Él creó algo; y todas las formas del hablar y todas las cosas que han sido producidas; Del vacío hizo el mundo material, y de la tierra inerte saco todo lo que tiene vida. Él labró, como fue, vastas columnas del intangible aire, y por el poder de su nombre hizo toda creatura y todo lo que es; y la producción de todas las cosas de las veintidós letras es la prueba de que todas ellas son parte de un solo cuerpo”.

 

Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potencias, Virtudes, Principados, Arcángeles, Ángeles son fuerzas inteligentes como las columnas de nuestras logias y forman parte de nuestra propia naturaleza y del cósmico, siendo el hombre el Hierofante que puede invocarlos intencionalmente a través de sus actos y rituales logrando su manifestación a través de él mismo.

 

Pax Vobiscum.

 

Lázaharo Hael,’,

 

Nota:

Espero no confundan el tema con alguna otra cosa que coincidentemente tenga alguna relación con el tema principal del presente; El tema tiene como fundamento la Biblia en Rey de Reyes 7:15-26.

El presente, son, reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.

No escribo para todos, pero, todos son invitados a leer.

Culiacán, Sinaloa. México. A 04 de Agosto del 2012.

Glosario:

* Booz  (Hebreo).-  Bisabuelo de David.  La palabra en cuestión deriva de B, que significa “dentro”, y oz “fuerza”, nombre simbólico de una de las columnas del atrio del templo del rey Salomón.  (W.W.W.)

* Jachin  (Hebreo).-  “En letras hebraicas IKIN, de la raíz Kun “establecer”, y el nombre simbólico de una de las columnas del pórtico del Templo del rey Salomón”.  (W.W.W.)  La otra columna se llama Booz, y de las dos, una era blanca y otra negra.  Ambas corresponden a varias ideas místicas, una de las cuales es que representan el Manas dual o el Ego superior y el inferior.  Otros relacionan estas dos columnas, en el misticismo eslavo, con Dios el Diablo, o sea con el “DIOS BLANCO” y el “DIOS NEGRO”, o Byeloy Bog Tchermoy Bog.  (Véase: Yakin y Booz).  (G.T. H.P.B.).

* Jehovah  (Hebreo).-  “El nombre judío de la Divinidad, J’hovah, es un compuesto de dos palabras, a saber: Jah (y, i o jYod, décima letra del alfabeto hebreo) y Hovah (Hâvah, o Eva)”, dice una autoridad cabalista, Mr. J. Ralston Skinner, de Cincinnati, E. U. de América.  Y, además, “la palabra Jehovah, o Jah-Eva, tiene la misma significación de existencia o ser como varón-hembra”.  Cabalísticamente, significa en realidad lo último, y nada más, y segun se ha probado repetidas veces, es enteramente un término fálico.  Así en el versículo 26 del capítulo IV del Génesis, se lee en su desfigurada traducción: “… entonces empezaron los hombre a invocar el nombre del Señor”, mientras que debería decir correctamente: “… entonces empezaron los hombres a llamarse con el nombre de Jah-hovah” o varones y hembras, que ellos habían venido a ser después de la separación de los sexos.  En realidad, esto último se halla descrito en el mismo capítulo cuando Caín (el varón o Jah) “se levantó contra Abel, su (hermana, no) hermano y le mató” (derramó su sangre, en el original).  El capítulo IV del Génesis contiene verdaderamente el relato alegórico de aquel período de evolución antropológica y fisiológica descrita en la Doctrina Secreta al tratar de la Raza-madre de la humanidad.  Va seguido del capítulo V como un velo; pero debería ir seguido del capítulo VI, en que los Hijos de Dios tomaron por esposas a las hijas de los hombres o de los gigantes.  Porque esto es una alegoría que alude al misterio de los Egos divinos que se encarnan en la humanidad, después de lo cual las razas hasta entonces desprovistas de sentido, “vinieron a ser hombres poderosos… varones de fama” (VI, 4), por haber adquirido mentes (manas) de que antes carecían.  [Jehovah no es el Dios único, eterno e infinito; es simplemente uno de los Elohim (los siete Espíritus creadores), según lo demuestran las propias palabras del Génesis, III, 22, cuando el Señor Dios dijo: “He aquí el hombre se ha hecho como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal”.  (Doctr. Secr., I, 535).  El personaje que en los cuatro primeros capítulos del Génesis es designado con los nombres de “Dios”, “el Señor Dios” o simplemente “Señor”, no es una sola y misma persona; no es Jehovah.  Este aparece sólo en el capítulo IV, en cuyo primer versículo se le llama Caín, y en el último es transformado en humanidad –varón y hembra, Jah-veh (Doctr. Secr., II, 405-406).  –Véase: Jah-HavahJah-Eva y Java Alhim; véase asímismo: Doctr. Secr., III, 333.]  (G.T. H.P.B.).

* María.-  María, Maia y Maya forman un nombre genérico.  Maia proviene de la raíz ma (nodriza), y entre los griegos vino a significar “madre”, y aun dio su nombre al mes de mayo, consagrado a todas las diosas antes de que fuese consagrado a María.  En efecto, el pagano Plutarco expone que “mayo es consagrado a Maia o Vesta, nuestra madre tierra, nuestra nodriza y sustentadora, personificadas”.  (Doctrina Secreta, I, 426).  –María, madre de Jesús, es llamada también Mâyâ, por cuanto María es Mare, el mar, la gran Ilusión, simbólicamente.  María, además, tiene por inicial la letra M, la más sagrada de todas, que simboliza el Agua en su origen, el Gran Abismo, y en todas las lenguas, así orientales como occidentales, representa gráficamente las olas, y en el esoterismo ario, lo mismo que en el semítico, dicha letra expresa las Aguas.  (Doctr. Secr., I, 412).  (G.T. H.P.B.)

 

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La iniciación al primer grado de la Masonería Escocesa, nos habla del inicio de un nuevo hombre, con nuevos valores éticos y morales que lo elevaran sobre el hombre anterior a la iniciación.

Comúnmente las iniciaciones de las escuelas de misticismo esotérico y filosóficas, nos hablen en forma velada y alegórica de la encarnación del alma y el despertar de la consciencia en el hombre que en la Masonería Escocesa culmina cuando el Venerable Maestro Pregunta al pueblo Masónico y al Orador, ¿Qué pedís para el recipiendario? A lo que todos contestan ¡La luz Venerable Maestro!… ¡La Gran Luz! la luz como símbolo de la consciencia que disipa las tinieblas de la inconsciencia y  que nos permite ver o percibir el universo circundante y  en ese proceso de “yo” y “aquello” nos volvernos conscientes de nosotros mismos.

A todo aquel que no es Mason, como el candidato que pretende ingresar, se le llama  “Profano” del latín “Profanus” voz compuesta por “pro” (delante)  y de “Fanum” (Templo) traduciéndose como “Aquel que se encuentra fuera del templo”,  otra definición de esta palabra es “Aquel que no es consciente de lo sagrado”… o sea del “Templo”.

“Los templos de Dios en la tierra son los cuerpos humanos” Lit. Rosacruz del Gr. XVIII. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en vosotros?” 1 Co.3:16. Por lo anterior expresado, se puede deducir que el profano o sea el alma no encarnada, deja de serlo cuando ingresa al templo o sea al el cuerpo humano.

Se dice que Adán al comer del fruto del árbol del conocimiento, que es el cuerpo humano, dado que es a través de él que adquirimos el conocimiento evolucionante por las experiencias vivenciales, es como Adán abren sus ojos o sea su La consciencia, y se da cuenta de su desnudes… En verdad algunos libros Sagrados “dicen” mucho más de lo que contienen escrito”.

El nombre sagrado de YHVH en Hebreo , se compone de cuatro letras, YOD+HEH+VEV+HEH. Donde la YOD representa el Fuego, la primera HEH es el Agua, la VAV aire, y la ultima HEH es la síntesis de las tres simbolizando la tierra; De tal modo que esta misma fórmula del YHVH se aplica también a los cuatro mundos que integran la Cábala: Alziluth el mundo arquetípico o de las emanaciones, Briah mundo de las creaciones, Yetzirah mundo de las formaciones, y Assiyah mundo de las hechuras y la  acción o sea la tierra.

Consideremos que estas cuatro letras YHVH representan el universo material , que una vez organizados formaron el cuerpo humano y que muy “probablemente” fue crisol para formar y desarrollar la insipiente consciencia del hombre al contraer simbólicamente en medio del YHVH la letra 21 del alfabeto hebreo, la SHIN y convirtiéndolo en  o IHESHOUA sea Jesús el Cristo.

Los tres viajes    que ejecuta en su iniciación el candidato a aprendiz de Masón, que en realidad son cuatro considerando “El cuarto de reflexión, que es el inicio de la iniciación masónica, que es de color negro, la oscuridad en la que nos encontramos y donde la formula V.I.T.R.I.O.L. Visita interiora terrae, rectificando invenies occultum lapidem (Visita el interior de la tierra, rectificando encontrarás la piedra escondida), nos indica un camino iniciático interior.” 

Por todo lo anterior, podríamos deducir que la iniciación Masónica al primer Grado, se refieren alegóricamente a la encarnación del alma y al despertar de la consciencia en el hombre; Ahora bien,  los grados siguientes vienen a “representar” grados superiores de consciencia  en su lucha por alcanzar el segundo árbol del jardín del edén, que los Elohim y YHVH temían fuera alcanzar y viviera para siempre… Su propia y original identidad… Su Alma.

El símbolo alegórico siempre es polivalente según el contexto donde se presenta. El párrafo anterior también puede relacionarse con el acróstico V.I.T.R.I.O.L. donde la búsqueda del iniciante en sus diferentes grados, representa la búsqueda de su propia y original esencia perdida al revestirse de la materia humana, representada por la piedrecilla blanca con su verdadero nombre que le será conferida en la iniciación interior al rectificar sobre el sendero de su propia búsqueda de ¿Qué o quién soy?

El hombre es el inicio de todo conocimiento que posee, de ahí que debe convertirse en observador de sí mismo descubriéndose en sus propias faltas o errores y corrigiendo encuentre la verdad que busca; La realidad es una, sin embargo el ego y la realidad aparente que nos rodea nos engaña como la sombras de la caverna de Platón, llegando equivocadamente a identificarnos con el ego como nuestra propia y original identidad.

La iniciación como la oración,  imágenes y símbolos sagrados obtiene su valor no por sí mismos, sino por lo que el hombre puede hacer con ellos. Lo anterior tiene dos vertientes que pueden llevarnos a la esclavitud o a la libertad; El peregrino ignorante al estar frente al templo, piensa que ha llegado a su objetivo final, y se queda cautivo en contemplación beatifica de las bellezas y magnitudes externas.

La segunda opción es cuando el peregrino entra al templo y  logra escuchar a su maestro interior, al espíritu del símbolo o del ritual cuyas palabras le liberaran de la objetividad de las formas concretas mostrándole a través de su consciencia un nuevo horizonte más amplio y profundo de la realidad de él mismo, el universo y Dios.

Dioses, Santos, Rituales, Símbolos, Alegorías, u Oraciones, nada son si el hombre no les da existencia “en” y “por” él mismo. El hombre debe vivir todo momento místico con tal intensidad que se convierta él mismo en aquello que está buscando; Tal experiencia puede durar unos segundos o un tiempo indefinido, porque las experiencias espirituales contemplan una medida de tiempo y espacio diferente al conocido en la vida profana.

Toda iniciación mística debe seguir la vía interior, para trascender hacia los planos superiores de consciencia, de lo contrario todo se quedara en el mundo de la intelectualidad y de las formas materiales que están sujetas a la finitud de tiempo y espacio terrenal.

La iniciación Masónica es un psico-drama que intenta impactar en la consciencia del candidato en un intento de ampliar y profundizar sobre el ¿Qué o quién soy? ¿De dónde vengo? Y ¿A dónde voy? despertando o atrayendo  ideas afines al ritual como: ¿Qué deberes tiene el hombre para con Dios? ¿Qué deberes tiene el hombre para con sus semejantes? Entre otras más.

La revelación de los secretos de la iniciación no pueden ser revelados por la narrativa de las palabras y actos que esta incluye, porque tal revelación es una experiencia interior y personal que en mucho radica en las percepciones objetivas y subjetivas que la emotividad atrae a la mente del iniciante.

Las revelaciones que la iniciación aporta pudiera llegar a ser semejantes en diferente grado para todos, pero ninguna será exactamente igual, porque cada recipiendario trae su propio acervo cultural, idiosincrasia, y características físicas,  intelectuales, emotivas y espirituales muy propias que responderán de diferente manera ante la motivación del ceremonial.

Recuerda, Dios es inefable, incognoscible e infinito, porque no es posible conocer sus límites al igual que el inconsciente del hombre, y cuyas esencias no están en el objeto sino en el sentido del objeto, el cual logra revelarse en la justa medida de sujeto-objeto como una unidad dentro del instante exacto del fenómeno de la manifestación.

 

Pax Vobiscum.

Lázaharo Hael,’,

 

Nota:

El presente, son reflexiones y meditaciones personales, no representan necesariamente la opinión de la orden.

No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.

Culiacán, Sinaloa. México. 02 de mayo del 2011

Glosario:

Iniciación.-  Palabra derivada de la misma raíz que el latín initia, que significa los primeros o fundamentales principios de una ciencia.  La práctica de la iniciación o admisión en los sagrados Misterios, enseñados por los Hierofantes o sabios sacerdotes de los templos, es una de las más antiguas.  Se practicaba en todas las antiguas religiones nacionales.  En Europa quedó abolida con la caída del último templo pagano.  Al presente no existe más que una sola clase de iniciación conocida del público, y ésta es la iniciación en los ritos masónicos.  La masonería, sin embargo, no tiene ya secretos que revelar o encubrir.  En los florecientes días de la antigüedad, los Misterios, según los más grandes filósofos griegos y romanos, constituían la más sagrada de todas las solemnidades, así como la virtud más benéfica y altamente estimulada.  Los Misterios representaban el paso de la vida mortal a la muerte finita, y las experiencias del Alma y Espíritu desencarnados en el mundo de la subjetividad.  En nuestros días, como quiera que se ha perdido el secreto, el candidato pasa por diversas ceremonias que nada significan, y queda iniciado en la alegoría solar de Hiram Abiff, el “Hijo de la Viuda”.  [Nadie puede alcanzar las sublimes regiones donde moran los Maestros sin haber pasado antes por la angosta puerta de la Iniciación, la puerta que conduce a la vida perdurable.  Para que el hombre se halle en condiciones de cruzar los umbrales de dicha puerta, ha de llegar a tan alto grado de evolución que para él deje de tener el menor interés todo cuanto pertenece a la vida terrena, salvo el poder servir con toda abnegación al Maestro y ayudar a  la evolución de la humanidad, aun a costa de los mayores sacrificios personales. -El proceso iniciático es a modo de espinoso sendero de cuatro etapas o grados diversos de Iniciación; cada una de estas Iniciaciones va acompañada de una expansión de la conciencia, que proporciona lo que se llama “la llave del conocimiento”, que es asimismo la llave del poder, puesto que en los reinos de la Naturaleza, “saber es poder”.  –A. Besant, Sabiduría Antigua.].- Glosario Teosófico Helena Pablova Blavatsky.

 

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Alegóricamente, se “dice” que la palabra perdida, es el nombre de Dios, y que éste mismo la emitió en el inicio de los tiempos, como una honda vibratoria hendiendo  el útero cósmico y preñándolo con los elementos positivos que habrían de constituir el universo por nacer, imponiendo orden dentro de caos y engendrando movimiento como inicio de la existencia.

Nuestra liturgia y el libro de”Preguntas y Respuesta de los Grs.15 al 18” del Supremo consejo de México, expone que: “La “Palabra Perdida” sintetiza esotéricamente la caída del hombre en la materia, y continua, es el verbo creador, que es él mismo, es decir su entidad verdadera, su “ego”, y ponerse en contacto con él”

La palabra como una idea vocativa y vibratoria es el verbo “creador” que transmite movimiento a la  materia primordial inerte y caótica, generando  movimientos de  atracción y repulsión sobre las partículas y generando cuerpos subatómicos hasta conjuntos estelares dando origen a la densidad, dimensión, y profundidad en la materia.

El todo es mente, dice el < Kybalión >. Y es ésta mente quien fue y es el contenedor, el teatro donde iba a llevarse a cabo la creación. El espacio conteniendo la materia primordial caótica, debió ser los arquetipos que se sucedían unos a otros en el proceso de definir la idea primordial de la formación. Las leyes como fuerzas condicionantes fijaron el círculo como límites de la creación. Y la palabra como fuerza vibratoria, fue la fuerza volitiva que dio inicio a la formación del universo.

El espacio, materia primordial, leyes, y palabra, se sintetizaban en una palabra, Dios. Pues todo el evento tenía lugar en su mente. Esto nos lleva a reflexiona, y pensar que el germen de la consciencia ya existía desde antes de la formación, en la materia primordial con que todo fue hecho.

El “ego” en psicología, se define como “yo”.  Por ser la parte dinámica de nuestra mente que nos relaciona con la realidad de nuestro entorno. En misticismo el “ego” es el falso “yo” que ha suplantado a la consciencia original del ser.

Se nos pide buscar la “Palabra Perdida” que es nuestro propio “yo”, entonces ¿Quién ha de buscarla? ¿El ego?… Entonces el “ego” no es nuestro “yo”, porque no ha de buscarse a sí mismo.

La personalidad del ego se va formando por las exigencias o condiciones de la sociedad, cultura e idiosincrasia.  Entonces podríamos concluir que existe una mente donde una pequeña parte de ella, que es el “ego” ha tomado el mando y control del hombre, y el alma se ha identificado con ella.

La palabra perdida o el ser perdido y el buscador que en apariencia son dos, en realidad solo son una sola “cosa” y  Quien busca la palabra perdida es el mismo que dificulta encontrarla. Es el ego  quien usurpa el trono y quien debe buscar la palabra perdida y entronizarla como verdadero Rey de Salem y Sacerdote por siempre, según la orden de Melkisedeck…

 

“En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (1)

¿Se Debe entender que el verbo o la palabra perdida que dio origen al universo, era Cristo, el cual, era con Dios antes de la creación del universo, y era Dios por ser parte de la esencia y naturaleza del Dios Único?… ¿Estamos hablando de la materia o esencia primigenia con que todo fue hecho? o ¿De la consciencia que ya venía implícita en la materia primordial?… ¿consciencia? ¿Lucifer el portador de la luz?..“In splendóribus  sanctórum, ex útero ante lucíferum génui te” (3).

“El Místico debe encontrar la palabra perdida, el verbo creador, que es él mismo. Es decir su entidad verdadera”… Su propia alma que simbólicamente es la Rosa con sus 22 pétalos en medio de la Cruz. El Cristo clavado en el madero Cruciforme del cuerpo material de todo hombre.

El pelicano otro símbolo Crístico del alma. Es una Ave marina que se adentra en lo profundo del mar de la materia, para alimentarse con su producto de experiencias, enriqueciendo su propia sangre, que al desgarrarse el pecho, alimenta con ella a sus siete polluelos, Las siete iglesias, Los siete chakras, Los siete Sephiroth del universo manifiesto…  Entonces la palabra perdida no es el “ego”, sino el alma de todo ser humano que como una pequeña llama  prevalece en medio de la oscuridad de la materia.

“La palabra perdida o el verbo creador, somos nosotros mismos, nuestra entidad verdadera, y para encontrar esa palabra, necesario es ponernos en contacto, recogerse, reconcentrarse en el santuario de nuestro fuero interno. Debemos practicar diariamente para iniciarnos en las practicas psíquicas que, un día nos conducirán al fin deseado” (2).

Para lograr lo anterior, debemos iniciar por observarnos y descubrirnos a nosotros mismos. Distinguir entre nuestros deseos y lo que realmente queremos. El hombre es consciente de la presencia de sus deseos, pero no de su origen. Navegamos en medio de un mar embravecido por fuertes corrientes que emergen desde el inconsciente impulsados por la fuerza de nuestras pulsiones básicas… A la mente como a nuestras fuerzas instintivas no debemos amordazarlas, sino educarlas y ser “sanamente” congruentes entre nuestra realidad física y  nuestros valores morales y espirituales.

La palabra perdida, es nuestro propio “yo” que se ha extraviado en los bosques de la ilusión de Maya. Es el alma que se ha confundido con el “ego” y ha perdido temporalmente su identidad original. Encontrarla  no es posible hacerlo por medio de palabras, ni tampoco por esfuerzo ajeno a nosotros mismos.

La meditación es un sendero interior que el meditante debe recorrer como una plegaria silenciosa y viviente que se eleva hasta la parte más espiritual y divina de él mismo.

El meditante debe tener siempre ubicado el puerto de donde ha partido, conocer en donde se encuentra actualmente, y saber hacia dónde pretende llegar.

El sendero interior que conduce al alma, es el mismo que conduce a nuestro propio dios personal y nos acerca al Dios único del universo. El alma forma parte de la naturaleza de Dios y es la fuerza vibratoria que transmite movimiento de vida, y luz de consciencia en el hombre.

Cualquier evento o acto que se dé en cualquier parte del cosmos, afecta en distinto grado y manifestación el resto del universo, de igual modo, La evolución del hombre no puede quedarse en él mismo, sino que se extiende a través de la mente universal hacia los dioses o fuerzas que nos crearon y aún más allá de nuestro entendimiento.

Dioses y Universo  están comprometidos en un proyecto llamado “HUMANIDAD”, El hombre es su creación y lo cuidan afanosamente como su hijo que es, esperando recibir los frutos de su inversión en la vuelta de retorno… La multiplicidad es aparente, el uno es el todo.

 

“Corpus et Sanguis Dómini nostri Iesu Christi custódiat ánimam meam in vitam aeternam” (4)

 

Lázaharo Hael,’,

 

Nota:

El presente, son, reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.

Escrito: 12 DE SEPTIEMBRE DEL 2011.

No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.

1)      La Biblia Reina Valera.- Jn 1:1 A diferencia de los otros evangelios que comienzan con el Jesús histórico, Juan comienza con el Cristo cósmico, a quien designa con el término griego Verbo (Logos, Palabra).

2)     Preguntas y Respuestas de los Grs. 15º al 18º.- Supremo Consejo de México.

3)     In splendóribus  sanctórum, ex útero ante lucíferum génui te.- Entre resplandores de santidad, antes del lucero de la mañana, de mis entrañas te engendré.

4)    Corpus et Sanguis Dómini nostri Iesu Christi custódiat ánimam meam in vitam aeternam.- El cuerpo y la sangre de nuestro señor JesúsCristo guarde mi alma para la vida eterna.

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Allí donde la libertad echa raíces, estará mi tierra.

(BENJAMIN FRANKLIN)

Esta leyenda no me la narró mi abuela. No fue tampoco ningún vecino de la aldea, ni tan siquiera la oí contar jamás a nadie en mi infancia durante el tiempo en que viví en mi añorada Costa de la Muerte.

Me fue trasmitida un atardecer de invierno, un día gris y tormentoso, en la oscuridad de un templo por un Venerable Maestro. Fue el día de mi elevación a condición de hombre libre de prejuicios mentales, el día que supere mi propia muerte. Rodeado de varias decenas de hermanos, con mi plena voluntad y consentimiento, despojado de todos mis metales juré solemnemente ante un volumen de la ley sagrada, que ocultaría y jamás revelaría los secretos que me allí me confiaron. También prometí que mantendría cuidadosamente mi honor y el de mis fraternos compañeros de reunión sin abrigar ningún prejuicio a su honor ni tolerar, a sabiendas, que otras personas pudieran tenerlo y que sí estuviera en mi poder impedirlo, rechazaría con hombría al difamador, comprometiéndome así mismo a respetar la castidad de las esposas de todos mis hermanos.

Sí, juré solemnemente observar escrupulosamente estos tres puntos, prefiriendo que mi cuerpo fuera, simbólicamente, cortado en dos mitades, antes que violar la palabra dada. Por tres veces besé el volumen de la ley sagrada y sellé mi juramento vinculándome de por vida a la fraternidad francmasónica.

Aquella ceremonia donde me conjuré en la ley del silencio, me hizo evocar aquel gesto tan sencillo y familiar de mi abuela Mama Sofía, cuando con su dedo índice apoyado en sus labios, me ordenaba silenciar para siempre aquello que me había trasmitido. Nada en aquella tenida masónica era tan nuevo ni tan revelador para mí y sin embargo, debo reconocer que me impactó fuertemente, Mama Sofía ya me había educado desde niño a no prejuzgar a mis semejantes, a rechazar radicalmente la difamación y la calumnia y respetar la libre voluntad de la mujer como ser libre e igual al hombre.

Aquel anochecer de invierno envuelto en el silencio sepulcral de la logia, me narraron una leyenda sencilla, tan sencilla como son todas las leyendas. Estaba basada en un personaje bíblico prácticamente desconocido, un forjador de metales llamado Hiram Abif, que trabajó en la construcción del templo de Rey Sabio Salomón. Era el hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Salomón, enterado de su fama de artesano avezado en el arte de la construcción lo hizo llamar para que forjara las dos columnas de la entrada del pórtico del Templo.

Hiram, cuenta la leyenda, era un hombre humilde y diligente, trabajaba sin descanso dirigiendo la labor de sus compañeros y aprendices, a la vez que les iba enseñando los secretos del oficio de constructores. Hiram mantenía una fidelidad inquebrantable a los secretos que le habían sido trasmitidos por sus maestros y fue asesinado poco antes de la culminación de la obra del Templo de Jerusalén.

Un grupo de tres pérfidos compañeros, ávidos de conocer todos los secretos que atesoraba Hiram, conspiraron clandestinamente para arrebatárselos, urdiendo una trampa criminal. Se emboscaron amparados en la oscuridad de la noche, cubriéndose sus rostros y apostándose cada uno de ellos, en cada una de las tres puertas del Templo, lugar donde el maestro se había retirado para orar al Creador.

Concluidos sus rezos, Hiram Abif se encaminó hacia la puerta ubicada en el sur, allí emboscado y armado con una regla plomada le esperaba agazapado uno de los traidores. Lo asaltó amenazándolo con golpearle hasta causarle la muerte si se negaba a trasmitirle los secretos por él conocidos. El maestro Hiram fiel a su juramento, le contestó que ni podía ni quería divulgarlos. Dándole a entender que sólo a través de la constancia y el esfuerzo se haría merecedor de llegar a participar de aquellos secretos y que preferiría morir antes que traicionar la palabra empeñada.

Insatisfecho el malvado con la firme respuesta Hiram, le asestó un fuerte golpe en la cabeza del maestro. Tambaleándose y aturdido, el maestro huyó corriendo hacia la puerta del norte.

Al acercarse a la segunda puerta, fue abordado por el segundo de los intrigantes armado con un nivel de obra. Tras darle el maestro la misma negativa respuesta, recibió nuevamente otro golpe en su cabeza, cayendo aturdido de nuevo al suelo. Viendo que su retirada estaba cortada por dos de las puertas del templo, desfallecido y ensangrentado trató de huir encaminándose hacia la puerta ubicada al este, donde se encontraba oculto el tercero de los criminales.

Este tercer canalla recibió del Maestro las misma respuestas que los dos anteriores, porque a pesar de la debilidad en la que se encontraba Hiram, supo mantenerse firme e inquebrantable en sus principios y guardo sepulcral silencio. Un nuevo golpe violento asentado con un pesado mazo, lo derribó sin vida, cayendo muerto a los pies del malvado.

Nadie vio ni oyó nada, el delito se ejecutó en total clandestinidad El vil asesinato se consumó en la más absoluta nocturnidad y sin que nadie se percatara de ello.

Al día siguiente, ala hora del comienzo de los trabajos, los capataces de la obra al ver que Hiram no llegaba, como acostumbraba, puntualmente a su hora con los planos y diseños bajo su brazo, intuyeron que alguna desgracia podría haber acontecido a su Maestro.

Una representación de compañeros fue a comunicar al Rey Salomón la sospecha que la desaparición repentina y misteriosa, tuviese por causa algún fatal desenlace.

El Rey Sabio ordenó una revista inmediata de todos trabajadores de las diferentes cuadrillas, apercibiéndose de la sospechosa ausencia de tres de los encargados.

Esta extraña falta abrigó aún más los temores del Rey Salomón por la suerte que pudiera haber sufrido su principal artista. Eligió entre los oficiales a los tres de más confianza y les ordenó que, acompañados de sus respectivas cuadrillas, partieran con la mayor rapidez en busca de su Maestro. Los grupos marcharon divididos en tres cuadrillas, partiendo de cada una de las puertas del Templo y fijando una fecha concreta para retornar, informando del resultado de sus pesquisas.

La primera de las cuadrillas, tras varios días de infructuosa búsqueda, regresó a Jerusalén sin haber descubierto nada que pudiera aclarar la desaparición del maestro. El segundo equipo fue mucho más afortunado, pues cierto mediodía, se sentaron a descansar bajo la sombra de unos arboles en las inmediaciones del camino. Uno de los hermanos al querer levantarse, se asió con la mano al arbusto bajo el que se cobijaba, quedando sorprendido con la facilidad con que sus raíces se habían desprendido del suelo. Examinó con atención la zona y observó que la tierra había sido removida recientemente. Llamo al resto de cuadrilla, excavaron en el lugar y encontraron el cadáver enterrado del Maestro Hiram Abif.

Con sumo respeto y veneración lo volvieron a sepultar en la tierra. Y para recordar el lugar exacto donde se hallaba enterrado, colocaron una rama de acacia en la cabecera de la tumba.

La leyenda continúa narrando el traslado del cuerpo del maestro a Jerusalén, su inhumación bajo la sagrada tierra que simbolizando a ese inmenso Templo telúrico que acoge a todos los hombres de buena voluntad esparcidos por el inmenso orbe y finaliza la leyenda lamentando esta doble pérdida, la pérdida del Maestro Hiram Abif y la pérdida de los secretos que se llevó con él al Oriente Eterno

Esta leyenda, como todas aquellas referentes a la Costa de la Muerte que me narraba mi abuela Mama Sofía, aparentemente es muy sencilla, casi ingenua y está toda ella plagada de simbolismo.

En esta leyenda no hay seres mágicos o con poderes sobrenaturales, el protagonista es un simple trabajador, un forjador de metales y su única virtd el trabajo, la constancia y la discreción.

Las herramientas con que matan al maestro, nos muestran esa dualidad de las cosas, el bien y el mal. Las herramientas símbolo de la inteligencia y el trabajo creativo son aquí utilizadas para la ignominia y el crimen, dándonos a entender que ninguna creación humana es buena ni mala por sí misma, su bondad o perversidad depende del uso que los seres humanos hagamos de ella.

Los tres canallas de la leyenda representan las tres grandes lacras de la humanidad, esos defectos que nos han conducido en innumerables ocasiones al fratricidio, son los canallas la simbología de la ambición, el fanatismo y la ignorancia. Hiram es la alegoría de las tres virtudes contrarias, la generosidad, la tolerancia y la instrucción.

Nos habla, como todas las leyendas anteriores, de la muerte y de la vida, de ese apareamiento en el que desarrollamos nuestra existencia, en el camino que, día a día, cada ser humano va recorriendo sin querer ser consciente de cual es su meta definitiva.

Esa muerte que nos sirve como alegoría de nuestro objetivo último, de nuestro indomable deseo de encontrar la inmanencia personal o una transcendencia ilusoria de nuestra alma inmaterial. En las leyendas de mi aldea la muerte era el final de la primera etapa, una paso para el que había que estar preparado si se quería alcanzar la otra vida, en esta otra leyenda la muerte es sinónimo de la propia inmortalidad.

La búsqueda de nuestra propia inmortalidad, debe estar cimentada en esa verdad personal que cada cual llevamos en lo más profundo de nuestro ser y de la que nos servimos como bastón para poder afianzar nuestros pasos. De esa verdad íntima que sólo alcanzaremos, igual que el maestro Hiram, sí fundamos nuestra existencia en el trabajo, la humildad y el respeto al resto de los seres humanos, sin malas artes ni engaños, sin aprovecharnos del esfuerzo de nuestros semejantes. La nuestra será siempre una verdad parcial, como todas las verdades, sinónimo de lucha, de empeño constante, de búsqueda sin fin, de sacrificio generoso y de fe en uno mismo. Pero era también Hiram, como todos nosotros, un hombre imperfecto, en la leyenda se simboliza esa imperfección al decirnos que era el hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, esa orfandad que la leyenda reivindica como alegoría es el símbolo de nuestra condición de humanos, encarna la imperfección de nuestro linaje, nuestra ascendencia deficiente, lo que otros denominan pecado original, el saber que nuestra naturaleza, por su origen, está incompleta y por tanto, igualmente incompleta está también en su destino y proyección, que debemos admitir que como todos los seres vivos nosotros también somos imperfectos, que nuestra vida subsiste en la medida en que luchamos, avanzando en la medida en que vencemos, siendo inalcanzable para nosotros la meta de la perfección, comprender que la perfección es ilusoria y Por tanto, advertir que no nos es necesaria para poder realizarnos como hombres libres.

El símbolo del secreto nos debe hacer comprender que no existe el misterio ni el enigma, que lo que no conocemos, es únicamente producto de nuestra propia ignorancia y sólo en la medida que seamos capaces de asumir nuestra ignorancia, seremos capaces de avanzar en la comprensión, pudiendo llegar a explicar el mundo que nos rodea. Seamos pues humildes, tenemos lo que tenemos, no más, de ahí nuestra imperfección y para no olvidarlo la leyenda nos recuerda siempre nuestro origen imperfecto, quizá por ello, los masones toman como apelativo el de Hijos de la Viuda. Ellos son conscientes de que su finalidad última es tratar de hacer de un hombre bueno, un hombre mejor.

El Maestro Hiram Abif simboliza la lealtad inquebrantable a los principios, anteponiéndola, incluso, a la propia vida. Él se sacrificó y murió llevándose consigo el secreto, dejándonos una tenue luz en este mundo tenebroso, una luz que nos sirve de guía, como aquellos faros impenitentes que siempre aparecían en las leyendas de mi tierra y que guiaban a los perdidos marineros en las noches de brumas y lluvias. Este faro simbólico nos iluminan de un modo sencillo con tres pequeñas y casi imperceptibles luces. La luz íntima que ilumina nuestro interior para proveernos de fuerza de voluntad; esa otra luz exterior que emitimos con nuestra conducta y nos ayuda a alumbrar nuestro entorno, viviendo en sociedad armónicamente con nuestros semejantes y la luz superior, que emana de los cielos, de la creencia en un Gran Arquitecto de Universo, iluminándonos a todos por igual en nuestro penoso peregrinar existencial.

Las tres preguntas filosóficas irresolubles sobre las que humanidad viene interrogándose desde el principio de los tiempos, quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, se truecan aquí en tres interpelaciones más sencillas, por tres actitudes ante la vida, cuál es mi deber para conmigo mismo, cuál es mi deber para con el resto de la Humanidad y cuál es mi deber para con el Creador.

En las leyendas de mi tierra siempre se hablaba de tesoros escondidos en las entrañas de la tierra, en ésta el tesoro es la sabiduría humana que se va atesorando en las entrañas de toda persona a través de la observación y la reflexión.

La leyenda de Hiram nos enseña que para un hombre justo amante de su íntima libertad, los temores que suscita la muerte no son nada comparándolos la abominación que produce la traición y la deshonra. Que el hombre que sabe escuchar la voz de la naturaleza, esa voz que nos da testimonio de que en nuestros cuerpos perecederos, reside el principio de la vida y de la inmortalidad. Esa naturaleza que nos aporta la fuerza necesaria para combatir nuestros temores, generándonos la paz interior que nos ayudará a permanecer fieles a la razón humana, a la Humanidad.

Esta leyenda nos revela también con la muerte altruista de Hiram Abif, que el espíritu de sacrificio o la entrega generosa de la vida por una creencia o un ideal, no aporta por sí mismo ni un ápice de verdad a esa creencia y que su grandeza reside exclusivamente en el propio acto de coherencia que supone anteponer los principios, la ética, la asunción de la íntima libertad personal a la propia existencia.

El martirio, la grandeza de morir por unos principios sólo cobra su sublime significado filantrópico al equipararlo con el encanallamiento, con la miserable pobreza de quien es capaz de matar por otra creencia opuesta.

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FEDERICO GONZALEZ
En el antiguo manuscrito masónico Cooke, (circa 1.400) de la Biblioteca Británica, se lee en los párrafos 281-326 que toda la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas. Después del diluvio de Noé, una de ellas fue descubierta por Pitágoras, la otra por Hermes el Filósofo, los cuales se dedicaron a enseñar los textos allí grabados. Esto se encuentra en perfecta concordancia con lo atestiguado por una leyenda egipcia, de la que ya daba cuenta Manethon ­según el mismo Cooke­ vinculada también con Hermes.

Es obvio que esas columnas, u obeliscos, asimilados a los pilares J. y B. son las que sostienen el templo masónico ­y a la vez permiten el acceso al mismo­ y configuran los dos grandes afluentes sapienciales que nutrirán la Orden: el hermetismo que asegurará la protección del dios a través de la Filosofía, es decir del Conocimiento, y el pitagorismo que dará los elementos aritméticos y geométricos necesarios, que reclama el simbolismo constructivo; se debe considerar que ambas corrientes son directa o indirectamente de origen egipcio. Igualmente que esas dos columnas son las piernas de la Madre logia, por las que es parido el Neófito, es decir por la sabiduría de Hermes, el gran iniciador, y por Pitágoras el instructor gnóstico.

De hecho, en la más antigua Constitución Masónica editada, la de Roberts publicada en Inglaterra en 1722 (por lo tanto anterior a la de Anderson), pero que no es sino la codificación de antiguos usos y costumbres operativos que derivan del Medioevo, y que serán desarrollados posteriormente en la Masonería especulativa, se menciona específicamente a Hermes, en la parte llamada “Historia de los Francmasones”. En efecto, allí aparece en la genealogía masónica con ese nombre y también con el de Gran Hermarmes, hijo de Sem y nieto de Noé, que después del diluvio encontró las ya mencionadas columnas de piedra donde se hallaba inscrita la sabiduría antediluviana (atlántica) y lee (descifra) en una de ellas lo que luego enseñará a los hombres. El otro pilar, como se ha mencionado, fue interpretado por Pitágoras en cuanto padre de la Aritmética y la Geometría, elementos esenciales en la estructura de la logia, y por lo tanto ambos personajes conforman, como hemos visto, el “alma mater” de la Orden, en particular en su aspecto operativo, ligado a las Artes liberales.

En el manuscrito Grand Lodge nº 1 (1583) sólo subsiste la columna de Hermes, reencontrada por “el Gran Hermarines” (a quien se hace descendiente de Sem) “que fue llamado más tarde Hermes, el padre de la sabiduría”. Nótese que Pitágoras no figura ya como el intérprete de la otra columna. En el manuscrito Dumfries nº 4 (c. 1710) también aparece, como “el gran Hermorian”, “que fue llamado ‘el padre de la sabiduría’ “, pero, en este caso, se ha rectificado su origen de acuerdo al texto bíblico que lo hace descendiente de Cam y no de Sem, por intermedio de Kush; como dice J.-F. Var en La franc-maçonnerie: documents fondateurs, Ed. L’Herne, p. 207, n. 33: “Ahora bien, en el Génesis (10, 6-8), Kush es el hijo de Cam y no de Sem. El redactor del Dumfries ha rectificado consecuentemente la filiación. Al mismo tiempo, esta filiación resulta ser la que la Escritura da de Nemrod. De aquí la asimilación de Hermes con Nemrod, contrariamente a otras versiones que hacen de ellos dos personajes distintos.”

Así lo destaca también el manuscrito que se ha llamado Regius descubierto por Haliwell en el Museo Británico en 1840 al que reproduce J. G. Findel en la Historia General de la Francmasonería (1861), en su extensa primera parte que trata de los orígenes hasta 1717, aunque en él no se incluye a Pitágoras como el hermeneuta que junto a Hermes descifra los misterios que heredarán los masones, sino a Euclides, al que se lo hace hijo de Abraham; a este respecto debe recordarse que el teorema del triángulo rectángulo de Pitágoras fue enunciado en la proposición cuarenta y siete de Euclides.

El mismo Findel refiriéndose a la cantidad de elementos gnósticos y operativos que constituyen la Masonería y concretamente ocupándose de los canteros alemanes afirma: “Si la conformidad que resulta entre el organismo social, los usos y las enseñanzas de la Francmasonería y los de las compañías de masones de la Edad Media ya indica la existencia de relaciones históricas entre estas diversas instituciones, los resultados de las investigaciones hechas en los arcanos de la historia y el concurso de una multitud de circunstancias irrecusables establecen de modo positivo que la Sociedad de los Francmasones desciende, directa e inmediatamente, de aquellas compañías de masones de la Edad Media.” Y agrega: “la historia de la Francmasonería y de la Sociedad de los Masones está por ello mismo íntimamente unida a la de las corporaciones de masones y a la historia del arte de construir en la Edad Media; es, pues, indispensable dirigir una rápida ojeada sobre esta historia para llegar a la que nos ocupa.”

lo interesante de estas referencias provenientes de Alemania es que su Historia General. es considerada como la primera historia (en el sentido moderno del término) de la Masonería, y desde el comienzo el autor establece que: “la historia de la Francmasonería, lo mismo que la historia del mundo, tiene su base en la tradición”.1 Por lo que resulta obvio que los Antiguos Usos y Costumbres, los símbolos y los ritos y los secretos del oficio, se han transmitido sin solución de continuidad desde fechas muy remotas ­y desde luego en las corporaciones medioevales­ y el paso de lo operativo a lo especulativo no ha sido sino la adaptación de verdades trascendentes a nuevas circunstancias cíclicas, haciendo notar que el término operativo no sólo se refiere al trabajo físico o de construcción, proyección o planeamiento material y profesional de las obras, sino también a la posibilidad de que la Masonería opere en el iniciado el Conocimiento, por medio de los útiles que proporciona la Ciencia Sagrada, sus símbolos y ritos. Precisamente esto es lo que procura la Masonería como Organización Iniciática y lo confirma la continuidad del paso tradicional que hace que igualmente pueda encontrarse en la Masonería especulativa, de modo reflejo, la virtud operativa y la comunicación con la logia Celeste, es decir la recepción de sus efluvios que son los que garantizan cualquier iniciación verdadera, máxime cuando las enseñanzas son emanadas del dios Hermes y del sabio Pitágoras.2 De todas maneras tanto la una como la otra son las ramas de un tronco común que toma a los Old Charges (Antiguos Deberes) como modelo; de éstos se han encontrado numerosísimos fragmentos y manuscritos en forma de rollo desde el siglo XIV en diversas bibliotecas.3

En cuanto a Hermes ­no mencionado en las constituciones de Anderson­, en particular el Hermes Trismegisto griego (el Thot egipcio), es una figura tan familiar a la Masonería de los más distintos ritos y obediencias como podría serlo para los alquimistas, forjadores de la inmensa literatura puesta bajo su patronazgo. No sólo el Hermetismo es el tema de abundantes planchas y libros masónicos, e innumerables logias se llaman Hermes, sino que existen ritos y grados que llevan su nombre. Así hay un Rito llamado los discípulos de Hermes; otro el Rito Hermético de la logia Madre Escocesa de Aviñón (que no es la de Dom Pernety), Filósofo de Hermes es el título de un Grado cuyo catecismo se encuentra en los archivos de la “logia de los amigos reunidos de San luis”, Hermes Trismegisto es otro grado arcaico del que nos da cuenta Ragón, Caballero Hermético es una jerarquía contenida en un manuscrito atribuido al hermano Peuvret donde también se habla de otro denominado Tesoro Hermético que corresponde al grado 148 de la nomenclatura llamada de la Universidad, en donde existen otros como Filósofo Aprendiz Hermético, Intérprete Hermético, Gran Canciller Hermético, Gran Teósofo Hermético (correspondiente al grado 140), El Gran Hermes, etc. Igualmente en el Rito de Memphis el grado 40 de la serie Filosófica se apela Sublime Filósofo Hermético, y el grado 77 (9ª serie) del Capítulo Metropolitano es nombrado Masón Hermético.

No faltan tampoco en la actualidad en revistas y diccionarios masónicos referencias directas a la Filosofía Hermética y al Corpus Hermeticum,4 donde ésta se encuentra fijada, sino que incluyen analogías con la terminología alquímica; he aquí un sólo ejemplo tomado del Dictionnaire de la franc-maçonnerie de D. Ligou (pág. 571): “Citaremos una interpretación hermética de algunos términos utilizados en el vocabulario masónico: Azufre (Venerable), Mercurio (1er Vigilante), Sal (2º Vigilante), Fuego (Orador), Aire (Secretario), Agua (Hospitalario), Tierra (Tesorero). Se encuentran aquí los tres principios y los cuatro elementos de los alquimistas.”

Por lo que Hermes y el Hermetismo son una referencia habitual en la Masonería, como lo es también Pitágoras y la geometría. Por otra parte ambas corrientes históricas de pensamiento derivan a través de Grecia, Roma y Alejandría, del Egipto más remoto y por su intermedio de la Atlántida y la Hiperbórea, como en última instancia acontece con toda Organización Iniciática, capaz de religar al hombre con su Origen. Y va de suyo que esta impresionante genealogía en la cual están comprendidos los dioses, los sabios (sacerdotes) y los reyes (tanto de Tiro e Israel, como de Escocia: la realeza no desdeñaba la construcción y el rey era un maestro operativo más) conforma un ámbito sagrado, un espacio interior construido de silencio, lugar donde se efectivizan todas las virtualidades y así puede reflejarse el Ser Universal de modo especular. la logia masónica, como se sabe, es una imagen visible de la logia Invisible, como el logos es el despliegue de la Triunidad de los Principios.

La influencia del dios Hermes, y las ideas del sabio Pitágoras no han desaparecido totalmente de este mundo crepuscular que habitamos, de hecho son todo lo que queda de él ­no olvidemos que los alquimistas equiparan a Jesús con el Mercurio Solar­, en Occidente al menos. Por otra parte ni siquiera pudiera ser el mundo sin ellos, tanto en el aspecto de las energías perpetuamente regeneradoras atribuidas a Hermes y su Filosofía, como el de las ideas-fuerza pitagóricas, sin cuyo orden numérico (y geométrico) hoy no es posible la menor operación.

La deidad es inmanente en cada ser, y los Hijos de la Viuda, los hijos de la luz, la re-conocen en el interior de su propia logia, hecha a imagen y semejanza del Cosmos. La raíz H. R. M. es común a los nombres Hermes e Hiram y este último forma con Salomón un paredro donde se aúnan la sabiduría y la posibilidad (la doctrina y el método), señalándose a la Tradición (Cábala) hebrea, en la que nació Jesús, como la vehiculadora de esta revelación sapiencial, real, y artística (artesanal), que constituye la Ciencia Sagrada, la que es aprendida y enseñada por símbolos y ritos en la logia, “libro” cifrado que los Maestros decodifican hoy, tal cual lo hicieran sus antepasados en el tiempo mítico, puesto que la Masonería no otorga el Conocimiento en sí sino que muestra los símbolos e indica las vías para acceder a él, con la bendición de los ritos ancestrales, que actúan como transmisores mediáticos de ese Conocimiento.5

O sea, que la actualización de la posibilidad, es decir, el Ser, la comprobación de que todo está vivo, de que el Presente es Eterno, la simultaneidad del Tiempo, la idea de Triunidad del Unico y Solo, conforman un Conocimiento al que los masones arriban por la propia experiencia que proporciona un aprendizaje gradual y jerarquizado.

El Maestro Constructor lleva su logia interior a todas partes, él mismo es eso, una miniatura del Cosmos, diseñada por el Gran Arquitecto del Universo. Pero la obra está inacabada, se necesita que pula (con Ciencia y Arte) su piedra bruta tal cual cinceló el Creador su Obra. los números y las figuras geométricas simbolizan conceptos metafísicos y ontológicos que también representan realidades humanas concretas e inmediatas, tan necesarias como las actividades fisiológicas, y de allí en más cualesquiera otras. El número establece idea de escala, de proporción, y relación; asimismo de ritmo, medida y armonía, ya que son ellos los canales que tiende la Unidad hacia la indefinitud numérica, hacia los cuatro puntos del horizonte matemático y la multiplicidad.

Es obvio que Pitágoras ­o Tales de Mileto­ no “inventó” nada, sino que reconoció en la serie decimal, que retorna a su Origen (10 = 1 + 0 = 1), una escala natural, una accésis, que le permitiera al ser humano completar la Obra y transmutar así en el Hombre Verdadero, paradigma de todo Iniciado, ubicado en la Cámara del Medio, entre la escuadra y el compás.6 No ha habido Tradición que no haya desarrollado un sistema numeral que le sirviese como método de conocimiento, en perfecta correspondencia con las pautas creacionales. Recordemos que el techo de la logia está decorado por los astros, los Regentes, que gobiernan las esferas celestes y establecen los intervalos y las medidas de la Armonía Universal.

Sin embargo los masones no han dejado nunca de reconocer la frase evangélica: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Juan 14, 2), pues aunque saben que ellos tienen abierto un sendero ante sí que los conducirá a su Padre, no niegan otros caminos ni se oponen a ninguna vía, ya que piensan que las estructuras invisibles son las mismas, prototipos válidos para todo tiempo y lugar, pese a la adaptación constante de distintas formas aptas para diferentes individualidades, la mayor parte de las veces determinadas por los ciclos temporales ­tal cual podría ser ejemplificado por cualquier organismo vivo, entre ellos el ser humano y sus modificaciones y adaptaciones a lo largo de los años­, ciclos a los cuales tampoco la Masonería es ajena, como se comprueba en su paulatina transformación concretada finalmente en el siglo XVIII. Y es por esa misma comprensión de sus posibilidades metafísicas e iniciáticas que la Masonería reconoce otras Tradiciones, y también deja abierto el ejercicio de cualquier creencia religiosa, o pseudorreligiosa, entre sus miembros, muchos de los cuales concilian su proceso de Conocimiento, léase Iniciación, con la práctica de preceptos y ceremonias religiosas exotéricas y legales, que piensan podrían enriquecer su pasaje ­y el de otros­ por este mundo. No hay por lo tanto conflicto entre Masonería y Religión, siempre que no traten de mezclarse los conceptos, o se pretenda ­como ya ha sucedido­ que determinados fundamentalistas (religiosos o no) intenten copar las logias para su provecho personal. De hecho, numerosos hermetistas, pitagóricos y masones han sido, y son, cristianos cumplidos, o grandes cabalistas, y todos ellos han tenido a los símbolos como sus maestros. la Iglesia Católica jamás ha condenado al Hermetismo, ni a Euclides ­heredero de la ciencia geométrica pitagórica, y maestro de los masones­ pero sí ha tenido problemas con la Masonería desde el siglo XVIII al punto de condenarla y excomulgar a sus miembros. Sin embargo se ha ido produciendo en los últimos tiempos un paulatino acercamiento entre ambas instituciones, salpicado aquí y allá por incomprensiones e interferencias, muchas veces interesadas. Según José A. Ferrer Benimelli, S. J., la revista la Civilittà Cattolica de Roma aparecida desde 1852 y que ha dado seguimiento al tema de la Masonería hasta nuestros días marca en su evolución este proceso de acercamiento o al menos de respeto mutuo. Efectivamente los primeros artículos son violentos y condenatorios, hay un período de transición, y los de los últimos años, bastante conciliatorios y abiertos al diálogo.7

Son numerosos los masones católicos, muchos de ellos franceses, que han intentado desde hace años conciliar ambas instituciones y levantar la excomunión; sin embargo hay muchos otros autores masónicos que integran completamente a la Tradición Hermética con su Orden sin necesidad de un exoterismo religioso, tal el caso de Oswald Wirth, director durante muchos años de la revista le Symbolisme y reconocido masón que ha escrito sobre los Símbolos de la Tradición Hermética y los símbolos masónicos, El Simbolismo Hermético en sus relaciones con la Alquimia y la Masonería, Saros, Bs. As. 1958 (ver aquí pág. 394), mostrando muchos aspectos de su identidad de Origen; en cuanto a masones que han publicado en los últimos años, tanto sobre los distintos grados como acerca de los Números, desearíamos citar en primer lugar a Raoul Berteaux, dentro de un nutrido grupo que ha tratado ampliamente la Aritmosofía, de base pitagórica.8

Hermes, al que se le adjudica la enseñanza de todas las ciencias, ha gozado de sumo prestigio a lo largo de distintos períodos de la historia de la cultura de Occidente. Esto ha sido así entre los alquimistas y los llamados filósofos herméticos, y estas mismas ideas se han manifestado en la Orden de los Hermanos Rosacruces, influencias todas que ha recogido la Masonería al punto que puede considerársela como un depósito de la sabiduría pitagórica y su transmisora en los últimos siglos, así como una receptora de los Principios Alquímicos, y también de las ideas Rosacruces,9 lo cual es evidente cuando a simple vista comprobamos que uno de los más altos grados en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el 18, se denomina precisamente Príncipe Rosacruz. Igualmente analogías y conexiones con las Ordenes de Caballería son reclamadas por algunos masones, concretamente con la Orden del Temple. Hay muchos indicios históricos que mostrarían estas simientes, también tradiciones y ritos, especialmente una de las palabras de pase en el grado 33, pero quedan bastante disminuidos cuando se recuerda que los templarios eran a la vez monjes y soldados (aunque grandes constructores medioevales), lo que no guarda relación aparente con la Masonería, en donde, por otra parte, sí se destaca una influencia bien clara de lo hebraico que ya señalamos en el caso de Salomón y la Construcción del Templo, y se ve confirmada por la sencilla comprobación de que casi todas las palabras de pase y grado, secretos sagrados, se pronuncian en hebreo.10

En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería (Ed. del Valle de México, México D. F.), tal vez el más conocido en castellano, bajo el título “Hermes” encontramos la entrada correspondiente, donde puede apreciarse la importancia atribuida al Corpus Hermeticum que, en algunas logias sudamericanas ocupa el lugar de la Biblia como libro sagrado. Es conocida la relación de Hermes con el silencio, y se suele llamar hermético a aquello que se encuentra perfectamente cerrado, o sellado. El silencio asimismo es propio de la Masonería y también de los pitagóricos que pasaban cinco años cultivándolo.

Elías Ashmole es también un buen punto de confluencia entre el Hermetismo y la Masonería. Este extraordinario personaje nacido en Lichfield, Inglaterra, en 1617, parece haber desempeñado un papel importante en la transición entre la antigua Masonería anterior a Anderson-Desaguliers y su proyección histórica posterior, encaminada a rescatar la mayor parte del mensaje espiritual-intelectual, es decir gnóstico (en el sentido etimológico del término), de las auténticas organizaciones iniciáticas, entre ellas la Masonería y la Orden de la Jarretera. Fue recibido en la logia de Warrington el 16-10-1646, aunque según su diario, no concurrió sino hasta muchos años después a su segunda tenida. Sin embargo, no debe llamarnos la atención este comportamiento en una individualidad como la suya, producto del ambiente de la época, donde el culto del secreto y el misterio era habitual por razones obvias de seguridad y de prudencia. En 1650 publica su Fasciculus Chemicus bajo el nombre anagramático de James Hasolle; se trata de la traducción de textos latinos de Alquimia (entre ellos de Jean d’Espagnet), con su introducción. En 1652 edita el Theatrum Chemicum Britannicum, una colección de textos alquímicos ingleses en verso, que reúne muchas de las más importantes piezas producidas en ese país, y seis años después The Way to Bliss, a la par que trabaja en búsquedas documentales literarias como historiador, y desarrolla su actividad de anticuario reuniendo en un museo toda clase de “curiosidades” y “rarezas” relacionadas con la arqueología y la etnología, como igualmente colecciones de Historia Natural, incluidas todo tipo de especies minerales, botánicas y zoológicas. En realidad este último fue el objetivo científico del museo (en donde incluso se realizaron los primeros experimentos químicos en Inglaterra), que hoy es visitado en sus magníficas instalaciones de Oxford, más como Museo de Arte que como institución precursora de la ciencia y auxiliar de la Universidad. La vida de Ashmole ha estado muy unida a la de Oxford, y los fondos de sus donaciones de objetos y manuscritos a la institución de su nombre (en donde también se encuentran sus diarios redactados en un sistema cifrado y que contienen numerosas notas sobre la Masonería)11 han sido importantísimos para esa ciudad, dado su prestigio universitario. En Oxford y también en Londres Ashmole tuvo un destacadísimo papel; hijo de su época, se entregó a la ciencia natural y experimental como una forma de la magia de las transmutaciones, tal cual numerosos filósofos herméticos. En ese sentido trató con Astrólogos, Alquimistas, Matemáticos y todo tipo de sabios y dignatarios de la época, junto con los cuales formará la Royal Society de Londres y la Philosophical Society de Oxford. Sus numerosos amigos y compañeros de toda una vida son nombres de muchísimo relieve, muchos de ellos ligados a la Masonería en sus más altos grados, como Christopher Wren, o a la investigación y ejercicio de las Artes liberales y la Ciencia Sagrada, que conformaron un conjunto de personalidades de un papel fundamental en su tiempo, concretamente en la difusión y práctica de la Tradición Hermética y en la relación de esta con la Masonería. Como ha dicho René Guénon al referirse al papel de Ashmole: “Pensamos, incluso, que se buscó en el siglo XVII, reconstituir a este respecto una tradición de la que ya una gran parte se había perdido”. En esta extraordinaria labor brilla el nombre de E. Ashmole en dos aspectos: como uno de los reconstructores de la Masonería en cuanto a la relación de esta con las órdenes de Caballería y las corporaciones de constructores, e igualmente como punto de confluencia con la Tradición Hermética. El mismo Ashmole se llamaba hijo de Mercurio (Mercuriophilus Anglicus), y su obra más importante, la ya mencionada The Way to Bliss, 1658, recoge sus estudios en Filosofía Hermética, según indica en su introducción al lector.

Asimismo debe señalarse que algunos autores hacen mucha cuestión sobre ciertos temas relacionados con el catolicismo y el protestantismo en el proceso del paso de la Masonería operativa a la especulativa. De hecho se suele simplificar el asunto diciendo que las corporaciones operativas eran católicas y los especulativos posteriores protestantes. Desde luego que desde el punto de vista histórico estos hechos pueden ser más o menos “reales”, pues la Orden, como toda institución, está sujeta a determinados vaivenes cíclicos que tienen manifestaciones sociales, políticas, económicas, etc. Pero desde el punto de vista de la Masonería como organización iniciática, ella no está sujeta al devenir, motivo por el cual subsistirá hasta que finalice el ciclo.12 En realidad, la Tradición Hermética (y Hermes mismo) ha sufrido innumerables adaptaciones a través del tiempo, aunque jamás ha dejado de expresarse, y es obvio que esta Tradición, como los fundamentos de la Masonería, identificada con la Ciencia de Construir, es anterior al Cristianismo, aunque ha convivido con él durante veinte siglos y hasta ha producido hermetistas cristianos y cristianos herméticos (entre estos últimos, dignatarios del más alto nivel, papas incluidos), lo que no obsta para que esa Tradición tenga antecedentes claramente paganos, relacionados con las escuelas de misterios, o como hoy se las denomina, religiones mistéricas; por lo tanto podría aseverarse que el hermetismo tiene una vertiente pagana y otra cristiana. En este sentido debemos aclarar que la palabra pagano suena a nuestros oídos acostumbrados a lo más superficial de las religiones abrahámicas a maldito, ilegal, bastardo, o por lo menos a un nebuloso pecado. También a ignorancia atribuida al atraso de pueblos que se desconocen, y que ni siquiera interesan. Se suele entender a lo pagano como algo reñido con la opinión civilizada, sumamente primitivo, o que está en contra del cristianismo, o de la religión, y por lo tanto fuera de todo orden. En suma, el paganismo está eliminado previamente por censura interior como algo un poco repugnante, antes de que nos enteremos que, en realidad, sólo se trata de la sabiduría de indefinidos pueblos tradicionales que han poblado este mundo antes ­y durante­ los sólo veinte siglos que caracterizan a la llamada Civilización contemporánea.13

Suponemos que desde este último punto de vista, casi oficialmente ecuménico, no hay nada injurioso en compartir el pensamiento pagano, como bien lo han visto desde los Padres de la Iglesia hasta numerosos sabios, sacerdotes y pastores contemporáneos.14

En verdad para el Hermetismo, anterior históricamente al Cristianismo, existe una Cosmogonía Perenne, manifestada por su filosofía y sus escritos, como para el masón ­religioso o no­ lo está en sus símbolos y ritos.

Respecto a la relación entre los Francmasones y las corporaciones de constructores y artesanos existen tres grandes testimonios bastante citados como fuentes documentales sobre la práctica de la construcción en el medioevo.15 Nicolá Coldstream las recoge en su libro sobre las artesanías en la Edad Media,16 donde rechaza la idea de la filiación “fantasmal” de la Francmasonería con los constructores y artesanos medioevales, (su sencilla tesis es que los masones eran obreros y no gente de gabinete) aunque paradójicamente su estudio lo confirma de distintas maneras; así nos dice refiriéndose al tema:

“Se trata del documento, redactado por el abad Suger, que relata la construcción del nuevo coro de la abadía de Saint-Denis; del manuscrito, fechado circa 1200, del monje Gervais de Canterbury, sobre el incendio y la reparación de la catedral de Canterbury, y del Album de Villard de Honnecourt, conjunto de dibujos y de planos de edificios, molduras y tornos elevadores. De los tres, el texto de Suger nos informa más acerca del hombre y la decoración de su iglesia que sobre el edificio, aunque haga, al pasar, algunas alusiones preciosas sobre su construcción. El examen atento del Album de Villard de Honnecourt nos permite dudar seriamente de que éste haya construido alguna vez iglesias y de que haya tenido algún conocimiento de arquitectura; en cuanto a sus dibujos, si bien son interesantes, no serían sin embargo los de un arquitecto o los del taller de un masón. El texto de Gervais, por el contrario, es el único documento medioeval que describe un equipo de masones trabajando; proporciona numerosas informaciones sobre la práctica de los masones y algunos métodos de construcción.”

Nos interesa especialmente la referencia al Album de Villard de Honnecourt. Efectivamente, no es la primera vez que se señalan ciertas características sobre el hecho de que este cuaderno no es un manual de tecnología aplicada, sino completamente otra cosa, mucho más ligada con los planteos de la Filosofía Hermética que se anotan para uso de los maestros de obras.17 Y el hecho de que exista un documento de este tipo (más bien de gabinete que otra cosa) es una prueba de que la especulación sobre el simbolismo y el lenguaje hermético en su versión cristiana ya tenían cultores a principios del siglo XIII, que ve nacer entre otras las catedrales de Chartres y Reims.

Mucho se ha escrito sobre este tema y queda abierto el debate; el investigador sacará sus propias conclusiones, pero no podrá ignorar la Tradición oral, y su filiación universal con el Simbolismo Constructivo, que tanto puede manifestarse en el Extremo Oriente, como en Egipto o Mesoamérica; en los “collegia fabrorum” romanos, o en las corporaciones medioevales, a las que se suele considerar ­haciendo abstracción de cualquier referencia iniciática o ligada a los Francmasones­ como cerradas y al mismo tiempo depositarias de conocimientos relativos al “oficio”, que se transmitían por símbolos y términos de un lenguaje cifrado.

No obstante debe hacerse la salvedad de que la influencia de la Filosofía Hermética, por un lado, y por otro la de las corporaciones de constructores cristianos (y algunas más ya mencionadas como la de la Orden del Temple), es desigual en los distintos Ritos, donde sobre un fondo común, se advierten algunas filiaciones inclinadas hacia uno u otro aspecto. No podemos tratar aquí el complejo y larguísimo asunto de la diversidad de los Ritos masónicos, pero sí podemos señalar su existencia, e igualmente la de distintos aspectos de la Ciencia Sagrada que provocan en algunos mayor o menor simpatía. Ya que siendo una sola la Masonería, como es una sola la Construcción Cósmica, y por lo tanto el Simbolismo Constructivo, las interpenetraciones de distintas influencias, sus oposiciones y conjunciones, forman parte del juego de desequilibrios y adaptaciones a las que se ve abocado el legado masónico, vehiculado por la civilización judeocristiana. Esto ha sido así también en el pasado y explica el paso de la Masonería operativa a la especulativa como ya hemos dicho, hecho que fue gradual, al extremo que ciertas logias “operativas” (anteriores a 1717) tenían elementos “especulativos” y que muchas logias “especulativas” (actuales), son propiamente operativas. Incluso hay documentos que atestiguan la coexistencia de ambas, tema que ha sido expresamente llamado por distintos autores Masonería de transición.18

En efecto, después de la publicación de las Constituciones de Anderson un grupo muy numeroso de masones, escoceses, irlandeses y de otros lugares de Inglaterra deciden desvincularse de la Gran Logia fundada en Londres (y que comenzó con solo cuatro logias), siendo en parte sus diferencias relativas a ciertas alteraciones de sentido ­incluso rituales­ de las que no son ajenas las distinciones religiosas, e incluso crean una especie de Federación de la Antigua Masonería, la que después de unas decenas de años comenzará nuevamente a tener relaciones con los ingleses, pero manteniendo sus puntos de vista tradicionales más relacionados con lo operativo o iniciático que con lo especulativo o alegórico; a esto debe sumarse los problemas de sucesión al trono de Inglaterra, pretendido por el escocés y católico Jacobo, que contaba con muchos partidarios, no sólo en las islas sino en todo el continente.19

En todo caso esta situación de la diversidad de Ritos se reproduce en los distintos grados, que varían en número, nombre y condición, según las distintas formas masónicas. Este tema es de interés pero nos parece prioritario recordar que esos grados (así sea en número de tres, siete, nueve, o más,) representan etapas en el Proceso de Conocimiento, o Iniciación, y que esos pasos ­o estados­ en Masonería son sintetizados y designados con los nombres de Aprendiz, Compañero y Maestro, en correspondencia con los tres mundos: físico, psíquico y espiritual. Estos tres grandes grados, contienen sintéticamente en sí todos los grados, los cuales la mayor parte de las veces no son sino especificaciones o prolongaciones de ellos. Pero está claro que la división es jerárquica y se efectúa dentro de un orden ritual que corresponde simbólicamente a estas etapas en la Iniciación o Vía del Conocimiento. Aún así no hay un poder central que agrupe a toda la Masonería, a pesar de que hay Grandes logias enormemente poderosas con un pasado tradicional, y las distintas Obediencias y Ritos mantienen una actitud de mutuo respeto, en cuanto son vástagos de un árbol común.

Esta especie de independencia, si así pudiera decirse, también es clara en cada logia, donde se efectivizan o no los símbolos, y se practican o no los ritos prescriptos. la Unidad masónica se produce fundamentalmente en el Taller, proyección del Cosmos, con libertad de la Obediencia a que éste pertenece.

Nos resta mencionar que estos tres grados conforman lo que se llama la Masonería Azul o Simbólica. Por encima de ellos se encuentran los Altos Grados, sistema de jerarquías que no es considerado en ciertas Obediencias ni aceptado por determinados Ritos. Cabe saber también que al pasar de un grado a otro, recién comienza a realizarse el grado obtenido; así al recibir un Compañero el grado de Maestro, es que empieza la iniciación en ese grado. Asimismo que los grados son permanentes y jamás se pierden los adquiridos en una carrera masónica normal.

Nos falta mencionar un poco más a la Alquimia como influencia presente en la Orden Masónica. Ya hemos señalado que Azufre, Mercurio y Sal, los principios alquímicos, se encuentran directamente incorporados, desde los primeros grados.

La Alquimia tiene en común con la Masonería el desarrollo interior, tendiente a la Perfección, que tanto los alquimistas consideraban el objetivo de sus afanes (ya que la Naturaleza no había finalizado su Obra que el Artista o Adepto debía completar), como los masones los fines últimos de la Masonería, que incluyen la muerte y consecuente regeneración a otro nivel, o estado de conciencia.

De otro lado, se suele decir entre los amigos de la Filosofía Hermético­Alquímica que el último gran Alquimista (y escritor sobre estos temas) fue Ireneo Filaleteo en el siglo XVII. Esto es bastante exacto desde una perspectiva, sólo que no se advierte con toda claridad que a partir de esa fecha no se interrumpe esta Tradición hasta el presente, sino que se transforma, y muchísimas de sus enseñanzas y símbolos pasan a la Masonería, como transmisora del Arte Real y la Ciencia Sagrada, tanto en los tres grados básicos como en la jerarquía de los altos grados. Según René Guénon estos altos grados son una prolongación del estudio y meditación sobre los símbolos y ritos (a una parte de ellos los llaman filosóficos)20 nacidos del interés de muchos masones por desarrollar y hacer efectivas las posibilidades otorgadas por la Iniciación; por ese motivo la utilidad práctica de estos grados es indudable y constituyen la jerarquización que corona el proceso de Conocimiento, teniendo en cuenta siempre el carácter iniciático de la organización, como nos lo advierte el autor, que también nos pone en guardia sobre el peligro de que estos grados se dediquen a problemas sociales o políticos, mutables por naturaleza, y por lo tanto alejados de los cimientos del Templo masónico, construido en piedra. (Ver “René Guénon”: artículo “Los Altos Grados”).

En el simbolismo masónico ­al igual que en el Alquímico­ el sol y la luna juegan un papel fundamental y se los encuentra en lugares tan esenciales como en los cuadros y la decoración de las logias (ubicados en su Oriente). Desde luego que se trata de los principios activo y pasivo, que también se corresponden a las columnas Jakín y Boaz, las que de este modo señalan la oposición de estas energías, al mismo tiempo que su conjunción en un eje invisible del que tiende la plomada el Gran Arquitecto del Universo. Sin dejar de darle primacía a este significado general, debe también tenerse en cuenta la realidad de estos astros, ya que existe un calendario masónico cuyos dos puntos extremos constituyen ­como en casi todas las Tradiciones­, los solsticios de verano e invierno, festividades de los dos San Juan, que marcan los puntos límites del sol en su recorrido, señalando también los puntos intermedios correspondientes a los equinoccios en la rueda temporal, y nos introducen en la doctrina de los ritmos y los ciclos. Por otra parte existe una preeminencia entre estas luminarias, ya que la luna resplandece gracias a la luz solar, concepto que no es ajeno a la Tradición Hermética ­y a la Cábala­ puesto que ambas son utilizadas de manera generalizada para indicar grados de Conocimiento, o etapas en el recorrido iniciático. Jean Tourniac en el prólogo al conocido Tuileur de Vuillaume21 apunta refiriéndose a los ciclos la asimilación del paredro simbólico luna-sol al del simbolismo solar y el polar. Esta asociación que posee indefinidas vías de desarrollo, podría igualmente relacionarse con dos aspectos de la Masonería encarnados en las figuras míticas de Salomón (solar) y Pitágoras (polar), los cuales a su vez ­y esto no lo dice Tourniac­ guardarían alguna analogía con los grados simbólicos (Masonería Azul) y los Altos Grados, o al menos, supuestamente esto es lo que pretendieron aquellos que fueron instituyendo estos últimos.

La literatura sobre la Masonería, o las investigaciones históricas sobre la Orden, suelen incluir a los autores, medios y escritos antimasónicos ­tan confuso es el panorama acerca de sus orígenes y fines­ habiéndose creado una serie de “leyendas” paralelas, lo que provoca que a ciertos investigadores les cueste cruzar una especie de frontera “maldita” e invisible que obedece a las “leyendas negras” acerca de la Masonería ­como las divulgadas por Leo Taxil en Francia­, muchas de ellas originadas en el catolicismo. Otro tipo de críticas, no referidas a su contenido espiritual, se funda en la actuación política y económica de algunas logias que utilizando la estructura masónica, y aprovechándose de la independencia de los Talleres, han profitado de ese modo de la Orden y del público, proyectando una imagen distorsionada de la Masonería. Hay que reconocer que esto ha sido así en ocasiones, aunque simultáneamente es lo que sucede desde hace años con todas las instituciones, cuya descomposición es evidente. En algunas sociedades la Orden goza aún del prestigio que tuvo en el pasado, y en ciertos países su fuerza espiritual, como gestora de grandes empresas ha dejado huellas claras, que hoy son seguidas. A veces hay masones que aún no conocen la Masonería, o creen que es otra cosa ­más concreta y material­, pero todos ellos tienen claro su lema: libertad, Igualdad, Fraternidad, y cumplen su Rito de acuerdo a sus Antiguos Usos y Costumbres. Si no hubiera sido por la coherencia y el contenido espiritual-intelectual, que los símbolos y los ritos manifiestan, la Masonería sería un absurdo más y, en todo caso, no hubiera llegado hasta nuestros días.

Otra cosa que habría que señalar es la curiosidad por saber cuál es el grado real de Conocimiento que tiene tal o cual masón, o en general, este o aquel Iniciado; pero eso ¿a quién interesa? ¿qué importancia tiene y ante quién?

Esa pregunta, cómo es lógico, no cabe en los límites de una investigación histórica basada en la documentación, y por lo tanto es muy difícil establecer orígenes claros y secuencias lógicas en un tema que no lo es, aunque se intente forzarlo. Uno de estos investigadores, el ya citado J. A. Ferrer Benimelli que tiene más de veinte interesantes obras publicadas sobre Masonería, ­y que ignora sistemáticamente a Hermes­, nos informa: “Bernardin, en su obra Notas para servir a la historia de la Masonería en Nancy hasta 1805, tras compulsar doscientas seis obras que trataban de los orígenes de la Masonería, encontró treinta y nueve opiniones diversas, algunas tan originales como las que hacen descender la Masonería de los primeros cristianos o del mismo Jesucristo, de Zoroastro, de los Magos o de los Jesuitas; por no citar las teorías más conocidas ­las llamadas ‘clásicas’­, que remontan la Francmasonería a los Templarios, a los Rosa-Cruz o a los judíos” y agrega en nota: “De estos treinta y nueve autores, veintiocho han atribuido los orígenes de la F. M. a los albañiles constructores del período gótico; veinte autores se pierden en la antigüedad más lejana; dieciocho los sitúan en Egipto; quince se remontan a la Creación, mencionando la existencia de una logia masónica en el Paraíso Terrenal; doce, a los Templarios; once, a Inglaterra; diez, a los primeros cristianos o al mismo Jesucristo; nueve, a la antigua Roma; siete, a los primitivos Rosa-Cruz; seis, a Escocia; otros seis, a los judíos, o a la India; cinco, a los partidarios de los Estuardos; otros cinco, a los jesuitas; cuatro, a los druidas; tres, a Francia; el mismo número lo atribuyen: a los escandinavos, a los constructores del templo de Salomón, y a los sobrevivientes del diluvio; dos, a la sociedad ‘Nueva Atlántida’, de Bacon, y a la pretendida Torre de Wilwinning [Kilwinning]. Finalmente, a Suecia, China, Japón, Viena, Venecia, a los Magos, a Caldea, a la orden de los Esenios, a los Maniqueos, a los que trabajaron en la Torre de Babel y, por último, uno que afirma que existía la F. M. antes de la creación del mundo.”22

Análogo en cuanto a la confusión de los orígenes, es lo que acontece en la Tradición Hermética, con el mito de Hermes y Hermes Trismegisto, ­y con todo mito u origen­ y por cierto con el Corpus Hermeticum, libros que, como hemos visto anteriormente,23 condensan y recuerdan el saber de esa Tradición. En efecto, Jean-Pierre Mahé, un estudioso que ­junto con el P. J. A. Festugière­ ha dedicado su vida al estudio de estos textos cree que los fragmentos en armenio de esta literatura proceden del siglo primero anterior a esta era y que las versiones posteriores conservadas en griego, latín y copto, se desprenden de ellas siendo su contenido netamente pagano, fuera de influencias gnósticas y cristianas que con cierta liberalidad se le han atribuido. Es interesante observar cómo este estudioso a lo largo de su trabajo más importante al respecto Hermès en Haute-Egypte24 donde coteja distintas versiones del Corpus entre sí, con otros manuscritos encontrados en Nag-Hammadi y con autores de la antigüedad, etc. llega a la conclusión de que todos ellos están emparentados, que proceden de una única fuente, e incluso tienen un tono, un aire, un talante común, que también se manifiesta en su estilo, opinión que compartimos. Pero este saber, propio del Corpus,25 que Mahé ve como solemne, repetitivo, contradictorio y sentencioso, en suma como mala literatura (¿qué es buena literatura y quién está en capacidad de definirla y con respecto a qué?), nos parece difícil de apreciar con parámetros lógicos por más esfuerzo y trabajo que se ponga en ello y pese a la valiosísima contribución que supone el establecimiento de estos textos, su traducción y comentario, aunque están reiteradamente vistos desde una perspectiva totalmente ajena a la que los textos poseen. De ahí el peligro de acercarse a cosas de un orden determinado con medios que, por su naturaleza, no son los que corresponden, ya que ellos mismos están conformados por series de condicionamientos pertenecientes al mundo profano, que aún una asombrosa erudición no sabe esconder, pues aparecen aquí y allá en la literalidad de los planteos, el infantilismo de las concepciones, la desproporción abismal entre el sentido sapiencial-emocional del texto y la lectura “universitaria”, es decir, profana que se hace del mismo.26 No se debe tratar a una sociedad iniciática por sus acciones humanitarias o altruistas exclusivamente, pues se corre el peligro de desvirtuar la auténtica razón de su existencia.

Otro asunto más o menos utilizado como crítica, tanto de la Masonería como del Hermetismo, es su carácter pretendidamente sincrético. En primer lugar nos parece condenable el abuso que se hace de esta palabra, que equivale para algunos a una descalificación. El Cristianismo, el Islam, el Budismo, la Antigüedad Grecorromana, innumerables Tradiciones arcaicas, incluso la Civilización Egipcia y la China, podrían hoy ser juzgadas como “sincréticas” a la luz de los documentos más antiguos y sin mencionar la idea de una Tradición Unánime, más allá de esta o aquella forma. En efecto, el término ha estado en boga en una época en que la investigación antropológica y la Historia de las Religiones estaban en pañales, y se creía en la “pureza”, tanto de ciertas culturas ­concepto peligrosísimo, además, capaz de derivar en el error de las razas­ como religiones. Desgraciadamente este término ha seguido usándose, y es utilizado por algunos como un arma esgrimida para condenar aquello que imaginan no les conviene, o escapa a sus simplificaciones elementales. Muy cerca está la Historia de la Iglesia, sus Concilios y la formación de sus Dogmas, su Teología, la Historia de los Papas, etc., para que, en todo caso, la Cristiandad pudiera reprocharle a la Tradición Hermética y a la Masonería, algo en este sentido, y lo dicho podría ser generalizado a otras religiones e influencias espirituales que componen la Cultura de Occidente. Son innumerables las corrientes que han conformado esta Civilización, la mayor parte de las cuales, de un modo o de otro, coexisten con nosotros mismos, y debemos dar gracias a Dios, en nombre de nuestra cultura, porque estas interrelaciones naturales que se transvasan con las migraciones humanas de un pueblo y su lengua a otro, han existido desde siempre, pese al ácido reproche de sincretismo, emanado de supuestas autoridades basadas en imaginarias estructuras caducas.

En definitiva, que los diversos componentes de la Masonería, no obstan para que esta adaptación de la Ciencia Sagrada, de la Filosofía Perenne, sea totalmente Tradicional, sino más bien prueban lo contrario en cuanto se consideran en sus doctrinas, es decir: en sí.

Final

NOTAS
1 El mismo Findel en el Anexo de su Historia publica el primer documento de que disponemos, fechado en 1419, sobre los canteros alemanes.
2 “Nos parece indiscutible que ambos aspectos operativo y especulativo han estado siempre reunidos en las corporaciones de la Edad Media, que empleaban por otra parte expresiones tan netamente herméticas como la de ‘Gran Obra’, con aplicaciones diversas, pero siempre analógicamente correspondientes entre ellas.” R. Guénon, Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage T. II, cap. “A propos des signes corporatives et de leur sens originel” ( ver traducción). Ed. Traditionnelles, París 1986.
3 Enciclopedia Británica. Artículo ‘Freemasonry’, edic. 1947.
4 Ver Claude Tannery “le Corpus Hermeticum (Introduction, pour des dévéloppements ultérieurs, à l’hermétisme et la maçonnerie)”; nº 12 revista Villard de Honnecourt, París 1986. las referencias a Hermes y a la Tradición hermético-alquímica en la literatura masónica son abundantísimas como ya hemos dicho; ni qué decir a Pitágoras, tema que es tratado en otro estudio de este mismo nº de V. de H.: Thomas Efthymiou, “Pythagore et sa présence dans la Franc-maçonnerie”.
5 Ver E. Mazet “Eléments de mystique juïve et chrétienne dans la franc-maçonnerie de transition (VIe-VIIe s.)”; nº 16, 2ª serie, igualmente de la revista Travaux de la loge nationale de recherches Villard de Honnecourt. El autor ha publicado en ésta, que edita los trabajos de la logia de estudios del mismo nombre, adscripta a la Grande Loge Nationale Française, otras colaboraciones igualmente interesantes sobre aspectos documentales de la Masonería. En verdad, esta revista junto con la Ars Quatuor Coronatorum, también órgano difusor de una logia de estudios homónima, (Quatuor Coronati lodge) y que desde 1886 lleva ya más de 80 volúmenes publicados en Inglaterra, son las mejores fuentes que pueden hallarse para el estudio integral de la Masonería.
6 Es conocida la importancia de la Tetraktys pitagórica en cualquier tipo de conocimiento metafísico y cosmogónico. Por otra parte la relación de las armonías musicales respecto a los números, en particular con la escala de los siete primeros, es también un tema pitagórico que la Masonería y el Corpus Hermeticum recogen en forma de grados y toques de reconocimiento ligados con las esferas planetarias y los Regentes que las gobiernan. Habría que agregar los distintos teoremas geométricos pitagóricos, conociéndose la importancia que para la Masonería y la ciencia y arte de construir poseen; sólo bastaría señalar entre ellos el del triángulo rectángulo, posteriormente enunciado por Euclides, otro de los ancestros masónicos, como ya mencionamos. En 1570 John Dee, conocido mago isabelino y notable matemático que jugara un papel tan importante en el Hermetismo inglés ­y en el europeo­ publicó un famoso prólogo a los Elementos de Geometría de Euclides. Como es sabido las enseñanzas de Dee fueron retomadas por Robert Fludd que editó en 1619 su Utriusque Cosmi Historia y por su intermedio, concatenadamente, lo hicieron los futuros integrantes de la masonería especulativa.
7 J. A. Ferrer Benimelli, Bibliografía de la Masonería. Fundación Universitaria Española. Madrid 1978, pág. 112. Este sacerdote jesuita que ha dado impulso a los estudios masónicos en lengua castellana ­al punto de que algunos autores sobre masonería como J. A. Vaca de Osma (La Masonería y el Poder) se llegan a preguntar si verdaderamente no es miembro de la Orden­ tiene, sin embargo, una idea escasa sobre ella, tomándola como una sociedad filantrópica y espiritualista, no otorgándole ninguna categoría iniciática, término que jamás emplea y que parece incluso desconocer en su verdadera dimensión.
8 La Symbolique au Grade d’Apprenti, La Symbolique au Grade de Compagnon, La Symbolique au Grade de Maître, Edimaf, París 1986, íd, y 1990; La Symbolique des Nombres, íd. 1984. También queremos destacar aquí los libros ampliamente conocidos en castellano firmados por Magister (Aldo Lavagnini): Manual del Aprendiz, del Compañero, del Maestro, del Gran Elegido, etc. De hecho, todos los manuales masónicos tienen menciones aritmético-geométricas.
9 Desde 1824 Thomas de Quincey destacaba en un periódico londinense la conjunción de la Masonería con el Rosicrucianismo como un tema conocido.
10 La genealogía masónica es también bíblica, aunque se combine con la Egipcia. Debe recordarse la relación de Israel con Egipto en la época de Moisés y aún el simbolismo de Egipto en los evangelios cristianos. Según el libro I de los Reyes, 3-1, hay una filiación directa entre el Rey Salomón y Egipto, ya que éste era yerno del Faraón, su vecino.
11 “The few notes on his conexion with Freemasonry which Ashmole has left are landmarks in the sparsely documented history of the craft in the seventeenth century”. C. H. Josten, Elias Ashmole. Ashmolean Museum and Museum of The History of Sciences, Oxford 1985. Estos diarios han sido publicados bajo el título: Elias Ashmole, His Autobiographical and Historical Notes, his Correspondence and other Contemporary Sources relating to his life and Work. Introd. C. H. Josten, 5 vol. Deny, 1967.
12 De acuerdo a los cambios que demandan los ciclos y los ritmos, a los que no puede sustraerse ninguna Tradición u Organización, por iniciática que sea, y que marcan las distintas fases y formas en que se expresa la Cosmogonía Perenne, y por lo tanto también señalan las adaptaciones históricas a la misma.
13 Según Geoffrey de Monmouth en Historia de los Reyes de Britania (1135-39), una de las primeras crónicas escritas sobre la Historia de Inglaterra, los isleños proceden de los troyanos que llegaron a sus costas, pasando antes por Francia, desde Grecia, donde permanecían los descendientes de los que sobrevivieron a la famosa guerra.
14 Algo análogo en cuanto sospecha de herético, defectuoso, o falso, sucede con los sistemas, o religiones, de Oriente. Con la salvedad de que estas últimas gozan en los medios occidentales de un mayor prestigio generalizado, aunque estos a veces no logran evitar el desdén, o la fobia, por el hecho de ser politeístas, otro término que en boca de algunos parecería ser un insulto.
15 Es obvio el crecimiento de la Masonería con el nacimiento de los burgos y la cultura de las ciudades, que siempre han necesitado constructores para su efectivización, por lo que no es difícil inferir que cuanta ciudad más o menos importante de Europa, así como la construcción de castillos, fortificaciones, conventos y palacios, fué realizada por arquitectos, directores de obra y albañiles masones, sin contar los carpinteros y ebanistas, vidrieros, escultores y pintores, todos ellos iniciados en los secretos de su oficio. Esto se advierte claramente en la época moderna (y tiene que ver también con el paso de lo operativo a lo especulativo), en relación con el incendio de la ciudad de Londres ­que incluyó la catedral de S. Pablo­ y que debió ser totalmente reconstruida por mano especializada dirigida por el arquitecto Christopher Wren, masón de alta jerarquía en la Orden y de reconocido renombre, que debió efectuar esta gigantesca labor en el menor tiempo posible. El incendio de Londres es un tema fundamental en la historia de Inglaterra y en la Masonería en general. Su reconstrucción, efectuada por masones, es un símbolo cíclico relacionado con la perennidad de la Ciencia Sagrada que, manifestándose por doquier, se ha expresado en una ciudad tan mágica, como es el caso de la capital inglesa.
16 Medieval Craftsmen, Masons and Sculptors. British Museum, 1991.
17 Cf. Villard de Honnecourt, Cuaderno, siglo XIII. Presentado y comentado por Alain Erlande-Brandenburg, Régine Pernoud, Jean Gimpel, Roland Bechman. Ed. Akal, Madrid 1991.
18 Es importante hacer constar, desde los comienzos, la presencia de militares en todas las logias. Esto llegó a ser tan así que incluso algunas de ellas fueron exclusivamente castrenses, tanto las que se organizaron en bases militares, como las que funcionaban en buques, ya fuese en alta mar o puertos.
19 Como se sabe, una corriente numerosa de masones liga especialmente con el Origen Templario, Escocés y Jacobita de la Orden, para lo cual exhiben numerosos testimonios y hechos por demás probables. Eso sin que esta corriente niegue la herencia Pitagórica, Hermética y Platónica, y tampoco la de las corporaciones de constructores, los rosacruces y la influencia judía dada por el mito de Hiram y la construcción del Templo de Salomón. Michael Baigent y Richard Leigh, en su libro The Temple and the Lodge (Londres 1989) apoyando la validez de este origen que desarrollan en su obra desde el medioevo al siglo XVIII afirman: pág. 187, “Ella [la Masonería] tenía sus raíces en familias y asociaciones vinculadas por el antiguo juramento de fidelidad a los Estuardo y a la monarquía Estuardo. (.) Jacobo I, un rey escocés que era él mismo masón.” En la obra de Robert Kirk, The Secret Common-Wealth, (“La Comunidad Secreta”. Madrid, Siruela 1993) escrita en 1692, acerca de “Las costumbres más notables del Pueblo de Escocia”, este erudito historiador del más antiguo “folklore” escocés y la cultura celta, anota en el acápite “Singularidades de Escocia”, y como característica de ese reino a: “La palabra masónica, de la que, aunque algunos haya que hagan misterio de ella, no ocultaré lo poco que sé. Es como una tradición rabínica, a guisa de comentario respecto a Jakín y Boaz, las dos columnas erectas del Templo de Salomón, a la que viene a añadirse algún signo secreto, que pasa de mano en mano, gracias al cual ellos se reconocen y familiarizan entre sí.”
20 Los demás se consideran, en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado: “de perfección”, “capitulares” y “administrativos”.
21 Vuillaume, le Tuileur. Ed. du Rocher, Mónaco 1990, reimpresión del de 1830. Manual masónico que contiene los siguientes Ritos practicados en Francia: Escocés Antiguo y Aceptado, Francés, de la Masonería de Adopción, y Egipcio o de Misraím. Ver reseña.
22 José A. Ferrer Benimelli, la Masonería Española en el siglo XVIII. Siglo XXI de España Editores, Madrid 1986.
23 “Los Libros Herméticos”. SYMBOLOS Nº 11-12, Guatemala 1996. (Reproducido en página del autor ).
24 Les Presses de l’Université Laval, Quebec 1978-1982. 2 vol.
25 Y que es común al resto de la literatura hermética, incluida la Alquimia.
26 El discurso del Corpus es efectivamente reiterativo y se repiten ciertos axiomas o máximas en un tono que conlleva una cierta solemnidad, un “estilo” para ser identificado entre otros tonos, y también porque se le imprime una cadencia musical, que a la par que fija la memoria, es un agente “invocador”.

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