El papel de la masonería en la revolución Méxicana (2ºparte)

ESTALLA LA REVOLUCIÓN

El 2 de septiembre de 1906, Ricardo Flores Magón se reúne en El Paso, Texas, con Antonio I. Villarreal, Prisciliano G. Silva y otros miembros del PLM y emiten una circular por medio de la cual se invita al pueblo mexicano a tomar las armas para derrocar al dictador Porfirio Díaz, infortunadamente esta convocatoria no tuvo el eco esperado.
El 24 de septiembre de ese mismo año, Francisco I. Madero le niega apoyo y armas a Prisciliano G. Silva, miembro del PLM, pero a pesar de la falta de apoyos, el 26 de septiembre siguiente este partido organiza una revuelta en Jiménez, Coahuila; otra entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre, en Acayucan, Veracruz y; en ese último mes, en Camargo, Tamaulipas.
El 17 de febrero de 1908, se lleva a cabo la entrevista Díaz-Creelman, en la que Porfirio Díaz manifiesta tolerar la aparición de partidos de oposición y promete no reelegirse en las próximas elecciones. Estas declaraciones promovieron la creación e incremento de clubes y partidos en contra del régimen, empero el 30 de mayo siguiente, Díaz, anuncia que presentará nuevamente su candidatura a la presidencia de la República.
Entretanto, el PLM continúa promoviendo manifestaciones y revueltas en contra del sistema: el 24 y 25 de junio, en Viesca, Coahuila; al día siguiente, en Las Vacas, Coahuila; el 30 de junio y 1 de julio, en Palomas, Chihuahua y; el 9 de agosto, guerrilleros del PLM emboscan a topas federales en la Sierra del Burro, en Coahuila.
En enero de 1910 aparece la 1ª edición del libro “La Sucesión Presidencial en 1910”, de Francisco I. Madero. El 15 de abril siguiente, se funda el Partido Antirreeleccionista.
En junio de ese mismo año, ocurren las revueltas de Valladolid, Yucatán, encabezada por fuerzas antiporfiristas locales y; en Cabrera de Inzunza, Sinaloa, Gabriel Leyva, antirreeleccionista declarado, organiza un levantamiento. En julio, Santana Rodríguez, miembro del PLM, se levanta en armas en el estado de Veracruz y; en octubre del mismo año, aliado con las fuerzas de Cándido Donato Padua, se enfrentan al ejercito porfirista.
El 5 de octubre de 1910, Madero, promulga en San Antonio, Texas, Estados Unidos, el Plan de San Luis, con el cual se convoca a la Nación a desconocer al gobierno de Porfirio Díaz y a levantarse en armas para el domingo 20 de noviembre a las seis de la tarde.
Y fue alrededor del 20 de noviembre de 1910, fecha fijada para el levantamiento nacional acordado en el Plan de San Luis, cuando ocurren los principales levantamientos armados, por ejemplo, el 18 de noviembre los hermanos Serdán se enfrentan a la policía en Puebla. El único líder que se levantó en armas el 20 de noviembre fue Pascual Orosco, apoyado con dinero y armas aportadas por Abraham González, quien también convocó a unirse al movimiento revolucionario a Francisco Villa.
En diciembre de 1910, el PLM apoya a Praxedis Guerrero y toman Casas Grandes, Chihuahua. En enero de 1911, Mexicali es tomado por el PLM y; en febrero tropas de Prisciliano G. Silva, toman Guadalupe, Chihuahua. El 14 de febrero, Madero regresa de Estados Unidos y es recibido en la misma localidad de Guadalupe, Chihuahua, y de inmediato ordena la detención de Prisciliano G. Silva. Debido a esto y al proyecto ideológico maderista, el PLM, en su órgano informativo, el periódico “Regeneración”, llama a Madero “traidor”.
El distanciamiento entre Madero y los liberales se agudiza y el 17 de abril de 1911 varios dirigentes del PLM son desarmados por fuerzas maderistas.
El 10 de mayo de 1911, en contra de la voluntad de Madero, Pascual Orozco y Francisco Villa, toman Ciudad Juárez, con lo que se precipita la dimisión de Porfirio Díaz. Entre el 17 y 21 de mayo, se concretan los Tratados de Paz entre Madero y Díaz en Ciudad Juárez. El 25 de mayo, Díaz, renuncia a la presidencia de la República y el 31 sale exiliado rumbo a Francia.
El 13 de junio de 1911, Madero organiza y envía una misión integrada por Juan Sarabia y Jesús Flores Magón (hermano de Ricardo), con la intensión de hacer la paz precisamente con Ricardo Flores Magón. Esta misión fracasa por considerar los magonistas adheridos a Ricardo que Madero no era un verdadero revolucionario.
El 31 de julio de 1911, en el “Diario del Hogar”, del PLM, se declaran inexistentes los Tratados de Ciudad Juárez y a la “Revolución” traicionada. En agosto, Madero le promete a Emiliano Zapata que si desarma a sus fuerzas la tierra sería distribuida entre los campesinos inmediatamente después de ser electo presidente. Zapata acepta las condiciones de Madero, pero pocos días después, Victoriano Huerta ataca a los zapatistas desarmados y los masacra, por lo que Zapata se levanta nuevamente en armas pero ahora contra Francisco León de la Barra, presidente interino.
En octubre de 1911, Madero es electo presidente de México, el 6 de noviembre inicia su gestión y las tierras no son distribuidas entre los campesinos. Así las cosas, el 28 de noviembre los zapatistas promulgan el Plan de Ayala, en donde en esencia se plantea el desconocimiento de Madero como presidente y se exige la restitución de las tierras a los pueblos que habían sido despojados de ellas.
En diciembre de 1911, apoyado secretamente por los Estados Unidos, se subleva en Nuevo León, el general Bernardo Reyes, masón adherente al derrocado régimen porfirista.
El 25 de marzo de 1912, decepcionado por la entrega del movimiento revolucionario al porfirismo sobreviviente, se subleva Pascual Orosco en contra de Madero. Orozco había sido uno de los primeros en apoyar a Madero para derrocar a Díaz. Ante esto, Madero le ordena a Francisco Villa combatirlo, pero Orosco lo derrota, entonces Madero envía al general Victoriano Huerta a someterlo. Finalmente, Orozco es derrotado por la acción conjunta de Huerta y Villa.
En julio de 1912, Díaz Soto y Gama y otros liberales, inician una campaña de organización que en septiembre culmina con la fundación de La Casa del Obrero Mundial, la cual con Álvaro Obregón jugaría un papel histórico determinante.
El 16 de octubre de 1912, se subleva, en Veracruz, Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, e igualmente, masón adherente al pasado régimen porfirista.
El 9 de febrero de 1913, Huerta, Reyes y Díaz, en contubernio con el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, organizan un golpe de estado que inicia con la sublevación las tropas acantonadas en Tlalpan y Tacubaya, D.F., y al cual se le conoce en la historia deMéxico como la Decena Trágica, El golpe culmina con el asesinato de Madero y de Pino Suárez el 22 de febrero del mismo año.
El 26 de marzo de 1913, Venustiano Carranza, publica el Plan de Guadalupe, en el que esencialmente se plantean: 1). El desconocimiento de Huerta como presidente de México y de los poderes federales de los gobiernos de los estados que lo apoyen; 2). La formación del ejército constitucionalista y la designación de Carranza como su jefe; 3). La designación de Carranza como presidente interino hasta el triunfo de la Revolución y; 4). La promesa de convocar a elecciones al final de la Revolución.
En marzo de 1914, Díaz Soto y Gama se une a las fuerzas de Emiliano Zapata y; en mayo, la Casa del Obrero Mundial es cerrada por la policía de Victoriano Huerta, que a su caída, sería reabierta.
El 21 de abril de 1914 los Estados Unidos invaden Veracruz y el 15 de julio Huerta renuncia a la presidencia y abandona el país.
Poco después de derrocado Victoriano Huerta se definieron cuatro corrientes ideológico-económicas: 1). Zapatismo: movimiento muy sólido ideológicamente, que resistía los métodos del capitalismo salvaje, exigían una revolución social para conservar sus ancestrales estilos de vida y trabajo basados en la tenencia de la tierra 2). Villismo: identificado también con la tierra y orientado a la mejora de las condiciones generales de vida de los pobres en su conjunto; 3). Obregonismo: clasemediero y burgués con ciertas ideas sociales pero tendientes a un capitalismo moderado y con la intención de empoderarse y; 4). Carrancismo: conservador del sistema económico liberal burgués, apoyado por el ejército y la antigua burocracia porfiriana; pero que al verse presionado por las demandas de las tres primeras corrientes ideológicas se vio obligado a realizar ciertas reformas sociales, pero sin tener la convicción de llevarlas a cabo.
Carranza, ante la imposibilidad eventual de derrotar militarmente a los villistas y a los zapatistas, convoca a una convención en la ciudad de México, pero Villa no acepta y presiona para que se realice en un lugar neutral y se elije la ciudad de Aguascalientes.
La convención se reanuda el 10 de octubre de 1914 en Aguascalientes y; con la oratoria del liberal Díaz Soto y Gama se imponen los principios zapatistas plasmados en el Plan de Ayala. Los villistas y los zapatistas, aliados con una parte de los obregonistas, deciden la renuncia de Carranza y nombran presidente de México al general Eulalio Gutiérrez (de extracción villista). Carranza no acepta esa decisión y parte rumbo al Puerto de Veracruz, en donde establece su gobierno.
Los carrancista y los obregonistas evacuan la ciudad de México y el 24 de septiembre de 1914 y entran las fuerzas villistas y zapatistas a la capital del país. En ese momento se patentizan las debilidades de esas dos corrientes revolucionarias. Tanto las demandas del zapatismo como las del villismo estaban circunscritas, principalmente, a un solo sector de las clases socioeconómicas más baja del país: los campesinos; además, las peticiones eran puntuales: tierra principalmente. Y ese aislamiento social fue la raíz de las debilidades de esos movimientos: la imposibilidad identificarse y de recoger las demandas de otras clases sociales explotadas y reprimidas del país, como los obreros, los desempleados e incluso la burocracia, para formular un proyecto de nación que abarcara al conjunto de la realidad nacional. Los que contaban con ese proyecto, los magonistas, andaban a salto de mata o estaban en las cárceles de Estados Unidos.
Y en lo militar, a pesar de las recomendaciones estratégicas del general Felipe Ángeles y de las ideológicas de sus asesores, Villa y Zapata simple y llanamente abandonan la capital; Villa regresa al Norte y Zapata al Sur. Esto salvó eventualmente al carrancismo y definitivamente al obregonismo.
Así que, con mayor visión política y más incluyente, Álvaro Obregón, con la ayuda de Alberto J. Pani y Gerardo Murillo (el Dr. Atl), logra que La Casa del Obrero Mundial abjurara de su doctrina anarcosindicalista y pactase, el 17 de febrero de 1915, con el constitucionalismo para combatir a los convencionistas (a la supuesta “reacción” formada por villistas y zapatistas). Con los obreros, se formaron los batallones rojos y se creó para el carrancismo una especie de “halo” de legitimidad, ya que de acuerdo con la ideología socialista imperante, serían los obreros y los proletarios en general, los herederos del futuro.
En las dos batallas de Celaya, iniciadas en marzo de 1915, prácticamente el villismo inicio su caída. Villa, desoyendo nuevamente al general Felipe Ángeles, elige las planicies del Bajío para el encuentro y finca su estrategia en el asalto de su caballería. Obregón, con el valioso apoyo de los batallones rojos y la adopción de las nuevas tácticas de guerra de trincheras desarrolladas en la 1ª Guerra Mundial, derrota a Villa fácilmente. Ya sólo faltaba acabar con el zapatismo.
Para legalizar su poder, Carranza convoca a un congreso para que promulgara una nueva constitución. Éste, se llevo a cabo del mes de noviembre de 1916 al 30 de enero de 1917, en Querétaro. El proyecto de Carranza estaba basado en la Constitución de 1857 y recogía de alguna manera el espíritu liberal (espíritu masónico) con añadiduras mínimas; fortalecía y centralizaba el poder presidencial y disminuía el del Legislativo; pretendía conservar intacto el latifundio, expresaba insensibilidad a las demandas del pueblo y manifestaba el deseo de no comprometer al gobierno con las peticiones populares (las de tierra principalmente); además, proyectaba desarmar a las masas y; restaurar la paz social lo más pronto posible. Parecía que los años de revolución no habían aportado nada.
Todo parecía fácil para el carrancismo, pero la intervención en el Congreso de los diputados que migraron de las logias masónicas y que se integraron a las diferentes fuerzas revolucionarias, como Luis Manuel Rojas, Francisco J. Mújica, Heriberto Jara Corona, Luis G. Monzón, Jesús Romero Flores y otros más (identificados con Obregón y no con Carranza), le dieron un giro inesperado para Carranza y; finalmente, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada el 5 de febrero de 1917, recogió gran parte de las demandas planteadas en el Programa del PLM de los hermanos Flores Magón; así como la esencia del Plan de Ayala del zapatismo, incluso con leyes agrarias más radicales que las demandadas por Zapata originalmente en su Plan de Ayala.
Pero a pesar de la tónica de la Constitución, los enfrentamientos entre tropas carrancistas y zapatistas continuaron en el estado de Morelos, por lo que se ideo un plan para asesinar a Zapata, lo cual ocurrió el 10 de abril de 1919.
Finalmente concluyó el periodo presidencial de Carranza y; éste, designa como su sucesor a Ignacio Bonilla. Los militares se inconforman y un grupo de ellos lanza como candidato a Álvaro Obregón y; otro grupo, a Pablo González, precisamente uno de los coludidos en el asesinato de Zapata. En campaña política, Carranza trata de involucrar a Obregón en un complot para apresarlo, pero éste huye y posteriormente se levanta en armas con respaldado por el Plan de Agua Prieta. Paulatinamente, militares y políticos se van adhiriendo al plan, y Carranza huye nuevamente rumbo al Puerto de Veracruz. En su intento, el 21 de mayo de 1920 es asesinado por gente de Manuel Peláez, un militar traidor a la patria, que estaba a las órdenes de los petroleros estadounidenses.
El 25 de mayo de 1920, es nombrado Adolfo de la Huerta presidente interino. Su interinato fue breve, pero en éste se lograron grandes avances. Con métodos civiles (no militares), logró la pacificación de Villa, de Pablo González, de los jefes zapatistas que quedaban, de Félix Díaz, de Manuel Peláez, de Juan Andrew Almazán, de Marcelo Caraveo y de otros que ostentaban aun las armas. Además, en su periodo, retornaron algunos exiliados por la revolución, como José Vasconcelos.
Después de este interinato, el 1 de diciembre de 1920 Obregón asume la presidencia de la República.
Y lejos de México, en la madrugada del 21 de noviembre de 1922, en la cárcel de Leavenworth, Kansas, Estados Unidos, se encuentra el cadáver asesinado de Ricardo Flores Magón.
El 20 de julio de 1923, es asesinado Francisco Villa por manifestar abiertamente su adhesión a Adolfo de la Huerta si éste lanzaba su candidatura a la presidencia de la República.
El 1 de diciembre de 1924, ocupa la presidencia de la República el general Plutarco Elías Calles, masón reconocido. Durante su periodo acaeció la Guerra Cristera promovida por el clero y el Vaticano.
En su intento por reelegirse, Álvaro Obregón sufre varios atentados; ya reelecto, el 17 de junio de 1928, es asesinado en el Restaurante La Bombilla. Uno de los autores materiales del homicidio fue el fanático católico José León Toral.
Muerto Obregón, el 1 de diciembre de 1928 ocupa la presidencia interinamente Emilio Portes Gil; el 5 de febrero de 1930, es nombrado presidente Pascual Ortiz Rubio; el 4 de septiembre de 1932, es nombrado Abelardo L. Rodríguez. Al periodo que abarcó el ejercicio de estos tres últimos presidentes, se le conoce en la historia de México como El Maximato, por la fuerte influencia que Calles ejercía sobre ellos. Hasta que el 1 de diciembre de 1934, es electo presidente el general Lázaro Cárdenas del Río, masón reconocido, y quien puso fin a ese periodo.
FIN DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA…
El inicio de la Revolución está más o menos definido. Y si bien el 2 de septiembre de 1906, Ricardo Flores Magón y otros miembros del PLM emitieron una circular incitando al pueblo mexicano a tomar las armas para derrocar a Díaz, ésta no tuvo eco. Fue alrededor del 20 de noviembre de 1910 que inician los movimientos armados que finalmente precipitaron la dimisión de Porfirio Díaz. Unos estallaron antes de esa fecha, muy pocos el mismo día 20 y otros más después de ese día. Pero se estableció convencionalmente este día como el de su inicio por ser la fecha acordada en el Plan de San Luis.
Pero con el final de la Revolución Mexicana las cosas son muy distintas y realmente no hay acuerdos. Pudiéramos afirmar que los levantamientos armados finalizaron durante la gestión interina de Adolfo de la Huerta, entre el 25 de mayo y el 30 de noviembre de 1920. El ascenso a la presidencia de Obregón, de Calles y de sus sucesores, se enmarcaría en otra etapa histórica de la Nación, que si bien íntimamente relacionada con la Revolución Mexicana, a la vez diferenciada. Cercana a estas posturas, están los autores que afirman que la Revolución concluyó con el asesinato de Carranza el 21 de mayo de 1920 y el ascenso de Obregón a la presidencia.
Una corriente remonta el final de la Revolución muy adentrado el Siglo XX e incluso fueron famosos aquellos demagogos de las décadas de los años 70 y de los 80, del siglo pasado, que sostuvieron que la Revolución Mexicana continuaba. Los moderados de esta corriente decían que la Revolución concluyó con Cárdenas y la Expropiación Petrolera el 18 de marzo de 1938. En este tenor, pudiera ser cualesquiera acontecimiento histórico posrevolucionario el que se eligiera como el fin de la Revolución Mexicana.
Y para algunos autores, la Revolución fue secuestrada y no concluyó.
Para el de la pluma, la Revolución, como movimiento social sí concluyó y tuvo sus frutos, tal vez no como los esperaban algunos ideólogos. Este movimiento social concluyó el 5 de febrero de 1917, con la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano, ya que fue finalmente el documento que recogió, a pesar de los obstáculos, las demandas exigidas originalmente para el proletariado en el Programa del PLM, las exigencias del campesinado planteadas en principio en el Plan de Ayala zapatista y, ofreció la apertura política y económica deseada por la burguesía. Fue el documento rector alrededor del cual las diferentes corrientes revolucionarias descollantes buscaron ser ajustadas y satisfechas; consecuentemente, los eventos armados ocurridos después de la promulgación de la Constitución del 17, fueron los menos y los necesarios para lograr ese reacomodo de fuerzas, en las que unos obtuvieron grandes beneficios y otros menos.
De esos años a la fecha, la Constitución del 17 ha sufrido muchas modificaciones, la mayoría debido a presiones de grupos de poder internos y presiones internacionales, principalmente de los Estados unidos. Unas de las más significativas, por su fondo, se dieron durante los sexenios de Miguel de la Madrid y de Carlos Salinas. El 30 de octubre de 1947 se creó el Acuerdo General Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés: General Agreement on Tariffs and Trade). México solicitó el ingreso al GATT en 1986 y fue aceptado hasta 1988. En la propuesta de carta de adhesión, el Gobierno Mexicano de entonces ofreció cambiar cuatro artículos constitucionales, curiosamente los que más polémica desataron en la Convención de Querétaro de 1917; 74 leyes reglamentarias de la Constitución, ocho leyes federales y sus reglamentos y, alrededor de 3,322 fracciones de artículos relacionados con el comercio; así como varios decretos, reglamentos, estadísticas y programas.
Y esto ocurrió a pesar de que el 20 de noviembre de 1968 el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alfonso Martínez Domínguez, en el discurso oficial en conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana, dirigido a la juventud, le advirtiera a los jóvenes estudiantes que se prepararan académicamente para ocupar el poder, ya que los “ricos”, estaban enviando a sus hijos al extranjero, a escuelas y universidades privadas de países capitalistas, para que a su regreso tomaran el poder. Y así fue, finalmente retornó a México esa generación que el pueblo llamó despectivamente “tecnócratas” y/o “neoliberales” (los “científicos” de ahora, los “limantoures” del momento) y; no hubo quién preparado ideológicamente en el país que lo evitara (y si los hubo su poder político no fue suficiente). Y en este paradigma, para empezar, el 7 de octubre de 1992 se firmó el Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos y el 1 de enero de 1994 entró en vigor.
Eventualmente, la correlación de fuerzas políticas y económicas a finales del Siglo XX y principios del XXI ha cambiado y los resultados y consecuencias sociopolíticas y económicas para con la sociedad en general, para con el pueblo, para con ese 80% de la población, son evidentemente catastróficas. Los masones (la masonería en general), como a finales del Siglo XIX y principios del XX, están conscientes de todo ello y no permanecen ni permanecerán inmutables, estén seguros.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Finalmente, para que quede claro, es indiscutible que algunos masones estuvieron inmersos en la conformación de los proyectos y plataformas ideológicas y políticas que favorecieron el estallido de la Revolución Mexicana. También, estuvieron presentes cuando se concretó la Constitución Política del 17 que aun nos rige (con todo y sus modificaciones) y; su participación fue determinante, como lo ha sido siempre en la historia de México. Pero también, hubo masones identificados con el Porfiriato que defendieron sus posturas y sus intereses, como los hubo aliados al conservadurismo y a Maximiliano de Habsburgo en aquel decimonónico siglo.
Escrito por el Il y Pod H Antonio Huerta Paniagua, Gr 33° SN.
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