Benito Juárez y Guillermo Tell

El historiador Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva rastrea la presencia del legendario arquero suizo en las ideas del Benemérito de las Américas en su ensayo “El héroe de mi héroe favorito: Benito Juárez y Guillermo Tell”, que ofreció dentro de la semana que la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) dedica al ex presidente oaxaqueño

¿Sabía usted que el héroe de Benito Juárez era el famoso ballestero suizo Guillermo Tell? Sí, sí, aquel mítico personaje suizo que en el siglo XIV se le impuso como castigo flechar una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo porque no reverenció el sombrero que representaba al imperio de los Habsburgo.

Al parecer, la figura del héroe en Juárez no sólo fue su inspiración, fue también la revelación de su destino con la que el estadista mexicano se desdobló y -quizá- determinó para que decidiera el fusilamiento del emperador Maximiliano.

Por la importancia de los hechos, el historiador Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva rastreó la presencia de este personaje en las ideas del Benemérito de las Américas, y en el imaginario libertario de las ideas del siglo XIX.

Su búsqueda inicia la probable noche del 15 de enero de 1847, cuando Benito Juárez fue ungido como aprendiz masónico. En esa ceremonia iniciática, el político oaxaqueño recién llegado a la capital del país “sin nombradía alguna en el escenario nacional” eligió como nombre simbólico el del legendario Guillermo Tell.

¿Por qué y cómo llegó a nuestro legendario presidente la historia de aquel personaje, casi mito? Eso fue lo que se propuso investigar el especialista en su ensayo “El héroe de mi héroe favorito: Benito Juárez y Guillermo Tell”, que ofreció dentro de la semana que la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) dedica al ex presidente oaxaqueño.

Antes que un viaje erudito, fue un ameno recorrido por la historia de una época y de dos personajes que se emparentaron en el tiempo por un ideal, la liberación de los pueblos. Pero también, es un análisis de la figura del héroe, de su influencia, y de la lúcida capacidad de entenderlo como parte de un proyecto de vida conciliado con la historia, que dura en nuestros días aunque no de ese modo.

“Esa imposición liberal del héroe como motor de la historia y ejemplo a seguir por las personas fue un procesos que inició desde los tiempos de la consumación de la independencia. Y nuestro Juárez no podía estar exento de tal influjo en su formación académica y política”.

Al parecer, Juárez no adoptó el nombre del arquero por mera conveniencia con el rito de la coorporación, su figura se había filtrado desde mucho antes en sus discursos políticos ofrecidos en su tierra natal, “como el estereotipo del héroe popular defensor de su pueblo y de la patria”.

La pesquisa refiere que en el siglo XIX la historia del héroe suizo alcanzó difusión internacional gracias al drama teatral Wilhelm Tell (1804) de Friedrich Schiller, que a su vez inspiró la ópera Guillaume Tell (1829) del italiano Gioacchino Rossini.

No se sabe con precisión cómo llegó este personaje al imaginario mexicano, y en especial a Juárez, dice Hernández Silva, porque las primeras traducciones del alemán sucedieron cincuenta años después. Quizá los posibles contactos con aquellas obras fueron las traducciones españolas en los años treinta, y las traducciones francesas en los años cuarenta.

A las traducciones, se suman la vivacidad musical de la época, pues desde mediados de los 20 el público mexicano ya estaba familiarizado con las obras de Rossini, en todo el país, o al menos en la Ciudad de México y Oaxaca.

“Lo más seguro es que Juárez haya conocido de Guillermo Tell por la vía literaria, pues Juárez, además del zapoteco leía y escribía el español, el latín y el francés.

La primera vez que joven político mexicano lo citó fue en su discurso público de 1840, en su estado natal, donde plasma sus ideas de heroicidad, la acción, y la estirpe de los hombres que se negaron a aceptar la tiranía.

Cuando llega a la metrópoli mexicana como diputado electo a finales de 1846, el impacto fue tal, describe el investigado de la UAM Azcapotzalco, que el deslumbramiento de la ciudad, la aventura y su afición a la lectura confirmaron en su fuero interno al arquero.

Poco se ha estudiado al Juárez ilustrado, al cotidiano, al cordial y amiguero (…) que le gustaba la música, bailar y uno que otro trago.

“Es muy seguro de que en su primera visita a la Ciudad de México, como persona de amplia cultura y buen provinciano deslumbrado por el movimiento de la capital, librado ya de las duras jornadas legislativas, se dedicara a disfrutar sus edificios, sus veladas intelectuales y los momentos bohemios en uno que otro callejón de mala nota en donde tomarse un pulque, conversar y dar rienda suelta a sus emociones. Bueno, hasta es probable que se haya dado tiempo para posar, como la moda lo marcaba, y tomarse un daguerrotipo y tal vez hasta mandarse hacer una litografía, expresión artística que le interesaba tanto”.

Y ya ahí, la música popular, el rumor intelectual, las pláticas de cantinas y hasta las pocilgas de las putas. “Gracias a su imagen novelesca, Guillermo Tell se convirtió en uno de los adalides favoritos del romanticismo decimonónico, tanto de aprendices masónicos, como de putas callejoneras”.

Nada del mundo de esa época desconocía la figura de Tell, y nada del mundo de esa época fue desconocido por Juárez.

Y luego el descenlace final, el fusilamiento de Maximiliano, “!Quién iba decir, que él, al igual que su héroe, iba a acabar con el reinado de un Habsburgo en su propia tierra!”.

Juan de Jesús López / Villahermosa



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