Masoneria

Libertad, Igualdad, Fraternidad


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Es de la expresión Huzei, que está relacionada con la Fuerza que emana del Gran Arquitecto del Universo, de donde el masón extrae su fuerza, y es por eso que los hermanos la repetimos con gran energía, tanto durante el rito de apertura de la Logia como en el de su clausura, y en esta alocución participan todos los miembros del taller. Concretamente la “aclamación escocesa” ¡Huzei, Huzei, Huzei! se pronuncia justo después de haberse consagrado el Templo a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo y a petición del Venerable Maestro que pide a todos que le asistan con fuerza y júbilo en la ofrenda de los trabajos que acaban de iniciarse. Lo cual indica que estos deben ser emprendidos con energía, y vividos como un rescate de la luz oculta entre las tinieblas que supone el mundo profano, equivalente a un viaje simbólico en busca del conocimiento que se opone a la ignorancia.

Nuevamente, y a petición del Venerable Maestro, la expresión se repite en el momento en que los trabajos se cierran y los hermanos están prontos a separarse y por tanto necesitados de ánimo para mantener despierta y en alerta la conciencia una vez clausurada la hora de la reunión.

La aclamación ¡Huzei, Huzei, Huzei!, va seguida de la divisa “Libertad, Igualdad Fraternidad” y es, además, la proclama con la cual todos los asistentes a una tenida celebran unánimemente con alegría, algún acontecimiento que tenga que ver con el bien general de la Orden, de la Logia o de algún hermano en particular.

Pero sobre todo la aclamación escocesa, como la divisa “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, o también el “¡Viva, Viva, Siempre Viva!” que se emplea en otros Ritos, es una exclamación de poder tal cual son todas las palabras de invocación al ánimo y al valor con el cual deben acometerse las grandes empresas, aquellas donde es de vital importancia para asegurarse la victoria, mantener la unidad de las voluntades, pues ya se sabe que es en la unión donde está la fuerza. Por eso, esa arenga, es un grito que proclama la imperiosa necesidad que hay en el Mundo de alcanzar la unidad entre los hombres y como mínimo, entre todos los masones, pues aunque participemos de Ritos diferentes lo que cuenta, al fin y al cabo, es que todos juntos conformemos la Gran Logia de la Masonería, representada por cada una de sus Obediencias y talleres donde se repite con el ánimo adecuado ese grito de invocación unísono de glorificación a una idea, la Unidad del Ser, simbolizada por la unión entre los hermanos de la Logia que hacen la proclama.

En verdad, sólo después de esta aclamación unánime, ¡todos a una!, comienzan verdaderamente a ejecutarse los trabajos de una Logia, pues si la primera parte del ritual de una tenida tiene que ver con los símbolos y los ritos de fundación y consagración del espacio, este clamor alienta a la acción, aunque no a cualquier acción, sino a un estado del alma similar a poseer una determinada energía con la cual ayudarnos a lograr la unión perfecta entre los hermanos con el fin de que podamos, todos juntos, expandir la luz obtenida a través del rito regenerador, en todos los ámbitos de nuestra vida.

Sin embargo el poder de esta aclamación, que la Logia vive como acto expansivo, activo y yang, sólo es efectivo, no lo olvidemos, si nace de una íntima concentración, de un silencio interno y de un corazón sincero por parte de cada uno de los miembros que la proclama, y cuya confianza la tenga depositada en el estudio y la meditación de los símbolos que la Masonería tiene a nuestro alcance, de tal modo que sea de esa revelación directa, obtenida del esfuerzo del propio trabajo de donde cada uno de los hermanos extraiga la fuerza que finalmente ayude a construir la Logia. Ya que la alianza entre los hermanos es el símbolo de la Unidad del Gran Arquitecto que desdoblándose en miríadas de seres produce la manifestación, siendo esta la verdad que protegemos en nuestros corazones, la que nos une a todos los verdaderos iniciados y es, por cierto, y valga la paradoja, el secreto masónico que con mayor ardor se grita y símbolo del misterio de la confraternidad.

Porque el masón, el verdadero masón, no trabaja con hipótesis, ni especulaciones, ni está interesado en las luchas de poder tanto políticas como religiosas, negocios éstos abocados al fracaso por cuanto abonan las mentes de aquellos que las disputan haciendo nacer en ellos la discordia, camuflada en los separatismos, los fanatismos, las injusticias y las corrupciones del planeta, todo lo cual es una ofensa a la Diosa Inteligencia, abanderada de la causa ma­só­nica. Nuestro objetivo es construir el Templo Universal, cuyos planos siguen las leyes de la Cosmogonía diseñadas por el G.·. A.·. D.·. U.·.

La Masonería es una escuela de aprendizaje, una vía hermética e intelectual de la doctrina tradicional transmisora, a través del rito y del simbolismo constructivo, de una enseñanza ancestral basada en la Ciencia de las analogías y las correspondencias capaz de ayudarnos a desentrañar el misterio del cosmos y de todos los seres que lo habitan. Es pues propio de la Vía Simbólica mediar entre los distintos niveles de la realidad empezando por el descubrimiento de la propia identidad, puente hacia el Conocimiento esencial. Es mediante la Ciencia Simbólica, que nos enseña a descubrir el Orden Universal, que podemos comprender lo absurdo de las discordancias entre los seres, lo cual es una ilusión burda nacida de la ignorancia y del fanatismo. La falta de conocimiento de ese Orden se traduce, entre otras cosas, en una total ausencia de valores que han abocado al fracaso a los hombres de hoy.

Por eso los grandes iniciados, y los auténticos maestros de todas las tradiciones siempre nos instan a que investiguemos los secretos de la Cosmogonía, a que conozcamos sus leyes, y a que construyamos con conocimiento. Recordándonos que nuestros símbolos no son alegorías, son una ciencia hermética, tradicional, verdadera y muy efectiva. Alertándonos además que debemos mantenernos atentos, y no faltar al deber: expandir la luz en el Mundo.

Hay que imponerse a la estulticia y anunciar que sólo el Conocimiento hace libres a los hombres y nos da la medida de nuestra propia dimensión, clamar que el espíritu y la materia, que el cielo y la tierra, conforman un todo jerarquizado, y que es el hombre, el iniciado, el que establece la comunicación entre ambos.

Comprobemos cómo los masones, los verdaderos masones, los maestros herméticos, nunca se conformaron a la injusticia, a la falta de escrúpulos, a la falta de libertad para el crecimiento de los pueblos, difundiendo en cambio la Cultura, difundiendo la Ciencia Sagrada. Nuestros útiles, nuestras herramientas, nuestros símbolos no dejan resquicio al equívoco. La construcción ha de ser siempre vertical, siempre ascendente, trabajando constantemente a la Gloria de Aquel que nos da la fuerza, el Gran Arquitecto del Universo, al que ofrecemos todos nuestros esfuerzos y en el que está permanentemente depositada nuestra esperanza.

NOTA
* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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Se dice que es mediante la reiteración incesante del Nombre Divino (o sea la Unidad) como ese Nombre impronunciable finalmente se realiza en el interior de la conciencia de quien se abre a Él por la Voluntad del Gran Arquitecto del Universo.
Cosmogonía Masónica: Símbolo, Rito, Iniciación, pág. 96.

Para el aprendiz, la Iniciación es la penetración en el misterio más profundo. ¿Quién soy, de dónde vengo, a dónde voy? Preguntas que se hace todo aprendiz al comienzo del viaje por el laberinto de las transmutaciones materiales y psíquicas en búsqueda de su Origen e Identidad verdadera. Es un viaje hacia adentro, hacia lo oculto y escondido bajo todo el ropaje de la apariencia y la forma. Es la penetración en otra realidad, divina y sagrada, la toma de conciencia de su verdadera naturaleza; es la penetración en los misterios del No-Ser y del Ser, de la Sabiduría e Inteligencia Divinas, rayo fecundador del Espíritu, transmitiendo el Orden, por medio del Verbo divino, la Palabra a aquel o aquella que con amor y pasión se abre a que se Haga en él, y así, retornar a su morada divina, a su estado primordial recobrando la Memoria, en el Centro, imagen del Eje por donde ascenderá a la cima de la montaña Polar (lugar mítico y simbólico donde se produce la verdadera trans-formación) para morir a la plenitud del Ser, y no siendo, fundirse en la No Dualidad o Suprema Identidad. Estados todos de la conciencia.

Y ¿cómo se opera esta realidad, esta toma de conciencia? Muy por encima del adepto mismo, pues es la Voluntad divina actuando en él. Se dice que la “palabra perdida” la tiene que des-cubrir cada quien en sí mismo y por sí mismo. Entrando en el “no tiempo” podrá escuchar el lenguaje silencioso que emana desde lo más profundo de su ser desplegándose y dándose a conocer, manifestándose a sí mismo. Es la Unidad que habita en el centro del corazón, el Atma, que inmanente se vuelve Presencia real dándose a conocer y conociéndose a través del hombre; la total identidad entre el sujeto y el objeto de conocimiento, revelándose a sí mismo en las múltiples formas simbólicas y niveles jerárquicos. Por eso se dice que esta vía es la Vía Simbólica, pues todo es un símbolo de otra cosa. El símbolo es fundamental, siendo el intermediario o mensajero, el vínculo o puente que transmite aquella realidad incomunicable por su propia naturaleza. El Conocimiento: la realidad sagrada, concéntrico y sintético, en sí mismo e instantáneo. Esencia donde reside la luz increada y de donde todo emana conformando las Ideas Arquetípicas que rigen el cosmos y el hombre, generando la Imagen y la Forma. El silencio sonoro que se expande emitiendo el sonido, la música, la palabra, a todos los confines de la creación, conformando un ritmo que obedece a esas leyes arquetípicas que rigen el cosmos en el tiempo y el espacio cíclico produciendo la Armonía Universal: el Rito ejemplar por excelencia.

Esto le sucede siempre al adepto en lo más íntimo de su conciencia, pues está contenido dentro del Universo, es uno con Él y en Él, y por eso es que se reconoce a sí mismo. El hombre no puede conocer lo que le trasciende si no es gracias a eso que le trasciende, transmitido por la influencia espiritual que ilumina su inteligencia haciendo inteligible el Plan del Gran Arquitecto del Universo. Y por eso es uno con su respiración, uno con su ritmo, con su sonido y silencio, con su expansión y contracción, y uno en esa Unidad de donde nunca ha salido más que ilusoriamente. ¿Quién es quien conoce? Extraordinaria función la que le toca al hombre, ser centro del Universo y a su vez el sujeto a través del cual Él se conoce.

Las ideas dan forma al adepto, fijan el orden y la ley. Y el hombre se reconoce en ese orden, que es ciertamente el Recuerdo, ya que no le es ajeno y sabe que eso es así por la intuición intelectual, cayéndose la venda que le impedía ver y des-cubriendo lo que estaba tapado, aquella “sorpresa” que yacía escondida bajo el velo, situada en el centro. La verdadera Naturaleza en todo su esplendor. Poderosas son las ideas-fuerza conducentes a las transmutaciones materiales y psíquicas que el adepto sufre, a tal punto que puede experimentar dolores físicos afectando la salud. Templar el fuego de la pasión es labor de alquimistas. Mantener el fuego en el justo equilibrio, ni tan fuerte que queme el recipiente ni tan suave que no disuelva lo denso de la materia a transformar.

Por eso la importancia del descanso y la respiración: inhalar y exhalar, concentrar y disolver, contener y soltar. Los dioses se alimentan de la sangre del adepto que se sacrifica a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, según nos lo enseñan los mitos y es descuartizado, para luego re-unificarse, re-integrarse en lo verdadero y eterno. La consagración de la vida es un acto creativo.

¡Qué ignorantes somos los humanos, y qué alejados estamos de la Esencia verdadera!

Gracias a la guía de la Doctrina, a la Enseñanza conservada en la Tradición Unánime y Primordial y vehiculada por el símbolo y el rito, y a los trabajos realizados en nuestros talleres, a la transmisión oral, la palabra fecunda, y a la vehiculación del libro, textos sagrados donde sabios, iniciados y comentaristas de todos los tiempos han legado a la humanidad la revelación del Verbo que a su vez les fue transmitida, convirtiéndose su lectura concentrada en un auténtico rito iniciático, es que el aprendiz va leyendo en el “libro de la Vida” y puede, así, construir su cuerpo luminoso despertando todas las potencialidades inherentes a sí.

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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Los aprendices masones reciben su salario en la Columna B.·., al filo de la medianoche. Ese salario

es la recompensa del trabajo producido por el Obrero,

y se traduce

en el perfeccionamiento gradual de sí mismo,

según podemos leer en el Ritual de Instrucción del Primer Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

En la Edad Media se denominaba salarium a la suma que se daba a los soldados para que compraran sal. Esa sal servía para condimentar y conservar el alimento con el que los guerreros saciaban su hambre. Análogamente, el salario recibido junto a la columna que recuerda al aprendiz masón que “en él está la Fuerza” hace posible su plena satisfacción.

En efecto, esa satisfacción es completa, y así lo testimonian las columnas de Mediodía y Septentrión al cierre de los trabajos de la Logia. El salario del aprendiz masón es tal que ningún esfuerzo queda sin recompensa. Y si ello es así es porque existe una identidad entre el salario y la obra de desbaste de la Piedra Bruta que el aprendiz realiza con sus herramientas simbólicas. En la obra está la paga, así como la recompensa de Ruth, la moabita que trabaja y se cobija junto a Booz (o Boaz), es lo que ella espiga.

No hay en el pago al aprendiz negocio, ni toma ni daca, ni trueque, sino gracia. Booz no sólo ordena a sus criados que permitan recolectar a Ruth, sino que además les pide que saquen espigas de las gavillas y las dejen caer para que la recompensa de la nuera de la viuda se acreciente. Una gracia: esta es la naturaleza del aumento de salario que el aprendiz masón recibe al cabo de su vacilante recorrido por Septentrión.

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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He titulado así este trabajo pues con la Iniciación realmente se emprende un viaje, una aventura, la más asombrosa que existe para un ser humano, el viaje hacia el interior de uno mismo, hacia nuestro verdadero Ser, nuestra patria de la que un día salimos sólo ilusoriamente.

Y, para volver a ella, a ser conscientes del misterio que somos, vamos de la mano de los Misterios de la Masonería, reconociendo en nosotros mismos la energía que vehiculan los símbolos. Así empezamos por los que corresponden al aprendiz masón, iniciando nuestro andar por las aguas de nuestra psique. Y, escuchando en silencio, van cambiando de color, cada vez más oscuro hasta que aparece el “negro más negro que el negro”, capaz de disolver todas las estructuras del “hombre viejo”, haciendo así posible que gracias a la Luz nazca el “hombre nuevo”, ordenado según lo sagrado. Que de la Piedra Bruta de la que partimos se vayan puliendo los cantos y se puedan ir intuyendo las seis caras y el centro de la Piedra Cúbica que todos portamos en nuestro interior.

Para ello, ya el día de la Iniciación el Hermano Experto nos presenta el Martillo y el Cincel; con dichas herramientas damos tres golpes simbólicos en la Piedra Bruta, pues ésta no se puede pulir de cualquier manera, se precisa de la voluntad del que empuña el Martillo, bien dirigido por la axialidad del Cincel. Ya que, teniendo presente la verticalidad que nos une al G.·. A.·. D.·. U.·., y bajo su influjo y dirección, es como nuestra voluntad entronca con la Suya y es posible tallar la Piedra, formar parte consciente de su Gran Obra.

También la tercera de las herramientas del aprendiz, la Regla de las 24 divisiones, nos viene a recordar que todas y cada una de las horas del día son sagradas. Que no es posible pulir la Piedra a ratos o a medias, para una verdadera transmutación todo está incluido en el Trabajo.

Y así, en la penumbra de Septentrión, donde se halla y en relación con la Luna (pasiva, que no brilla por ella misma, sino que su luz es reflejo del astro solar), en silencio y escuchando, es posible discriminar lo que es. Empezando la construcción del Templo interior y de su Altar, despertando el oído del corazón. Invocando las Tres Luces: la Sabiduría que concibe, la Fuerza que ejecuta, y cuando lo realiza según la Sabiduría del G.·. A.·. su expresión es Armonía, es Belleza. Entonces, el Templo que somos podrá ser receptáculo y nuestro corazón podrá despertar al misterio del hombre, a lo que él mismo simboliza, la unión del Cielo y la Tierra, y que el Altar de nuestro Templo nos recuerda con las Tres Grandes Luces: el Compás (el Cielo), la Escuadra (la Tierra) y la expresión escrita de dicha unión, el Libro de la Ley Sagrada.

Así podemos andar hacia la dimensión universal del hombre, simbolizada en la Logia por sus seis direcciones (Oriente-Occidente, Norte-Sur, Cenit-Nadir), y teniendo siempre presente este punto inmóvil manifestado por la Estrella Polar de donde descienden a modo de plomada las influencias espirituales, verdadero alimento alrededor del cual gira todo el firmamento.

Son pues estos símbolos, y todos los demás que junto a ellos conforman un universo donde ni sobra ni falta ninguno, verdaderos tesoros en el viaje del aprendiz masón, que por este andar recibe su salario donde le corresponde, en la columna B.·., ya que es muriendo a lo que no es como va tomando Vida y Fuerza nuestra verdadera identidad.

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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LA VIDA COMO RITO *


Posted By on jul 16, 2014

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Repetidamente hemos hablado en nuestras tenidas de la necesidad de vivir la vida como un rito. Rito y orden son equivalentes, es pues un orden lo que se impone; claro está, pero este no es el seguimiento de un horario establecido de antemano que nos limitamos a cumplir mejor o peor, con más o menos alegría. El rito supone estar en un tiempo presente y cualquier corsé que le apliquemos será más en contra que a favor.

Literalidad, normas, estrechez de miras, tontera, deseos de cumplir ¿ante quién?, búsqueda de aceptación y reconocimiento, búsqueda de méritos, miedo a abandonarse a la Providencia, pereza, flojera, poner condiciones; nada de eso tiene que ver, como sabemos, con vivir la vida como un rito. El presente está más allá de la dualidad, por tanto toda pregunta del tipo ¿lo habré hecho bien?, ¿lo habré hecho mal?, está de más; el juicio debe cesar para que la justicia impere. Esta, la Justicia, no se inclina hacia derecha ni izquierda, el fiel de la balanza, su eje, es uno con la vertical.

El rito diario requiere mantener una visión sagrada del tiempo, vivir el día como lo que es: una nueva jornada en la que todo puede suceder, por otro lado cualquier actividad nos puede ayudar a pulir nuestra Piedra Bruta.

En la naturaleza los seres desarrollan sus posibilidades espontáneamente. Reconozcamos nuestra posición en ella. Sólo el hombre, en la creación, está dejado a su libre albedrío; el hombre tiene la posibilidad de conocer su función; ésa es la manera en que puede traspasar los límites de su individualidad, sumándose a la obra del Creador haciendo de Su Voluntad su voluntad, diciendo, como nos dice la Oración enseñada por Jesús a sus discípulos:

hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo

(entendiendo también esa tierra como la materia de nuestra obra, es decir la Piedra Bruta que somos), lo cual tiene que ver con la expresión masónica de “estar al orden”.

De todos modos queremos recordar que, finalmente, todos los seres colaboran en la obra del Creador, unos lo hacen consciente y voluntariamente, otros inconscientemente. En la cadena de unión se pregunta “¿por qué está rota la cadena?”, la respuesta es: por nuestras imperfecciones. Podemos aplicar esto al tema que estamos tratando, el vínculo que une al ser con el Principio ha de permanecer consciente, y esto, dependerá de que las imperfecciones de uno, sus egos, no lo impidan, en cuyo caso se debilita, pudiendo llegar a estar prácticamente roto.

El triple gesto simbolizado por las tres Gracias: dar, recibir y devolver, es un gesto Prototípico; símbolo del ser del hombre en el mundo y de su salida del mismo. El hombre, dándose recibe la gracia divina, sus dones, que él, a su vez, devolverá al Padre a través de sus hermanos.

Dice el I Ching:

lo importante es que las cosas sean hechas, el mérito de hacerlas bien puede dejársele a otro.

Dice también:

Toda labor debe realizarse por ella misma, tal como el tiempo y el lugar lo requieran y sin codiciar de reojo un posible éxito, pues de ese modo dará su fruto y lo que se emprenda tendrá éxito.

Todo nos es dado, no hay mérito en las obras del hombre; sin embargo, a veces, éste se hace merecedor de ello y su receptáculo, por una economía divina que nunca llegará a conocer completamente.

En este triple gesto que las tres Gracias simbolizan, tal vez lo más difícil sea comprender el último de ellos: DEVOLVER. El hombre devuelve lo recibido renunciando a los frutos de su trabajo. No hay otra manera. Con este gesto, por otro lado, queda liberado de la acción; es por el desapego a las obras que el hombre renuncia a sus frutos sean los que sean, cosa, por otro lado, que a él no le importa ya. La no identificación con el sujeto que actúa es un primer paso hacia el desapego de los resultados de la acción. Es asumir que uno es colaborador en una obra que no le pertenece; que es instrumento en manos de Aquel que la lleva a cabo; y en esto, al hombre, le cabe la posibilidad de comprender ese gesto, sumarse a él, conocer la Obra y hacerla suya sabiendo, sin embargo, que no lo es.

El gesto de devolver no es ad-extra como el de dar, ni ad-intra como el de recibir; es uno y otro, el gesto es doble y el acto de dar y recibir se produce simultáneamente.

La vida entera es un rito; la obra, la acción de la naturaleza un gesto ritual permanente al que el hombre puede sumarse sacrificando (de sacrum facere: hacer sagrado) así su vida. El despertar al conocimiento, a la comprensión de los ritos transmitidos por una u otra forma tradicional, requiere de un amor, un respeto, una vocación por el cumplimiento de aquel gesto Prototípico y ordenador del G.·. A.·. D.·. U.·. que la Naturaleza nos muestra, y que, por analogía, el hombre traslada a su quehacer diario.

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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Querido hermano, como representante de los hermanos de la cadena tradicional a la que os habéis incorporado, os transmito nuestra más calurosa bienvenida y la profunda alegría de contar con un obrero más que se une a esta gran obra de construcción universal.

Acabáis de entregar vuestra vida individual a la gran aventura del Conocimiento que os irá desvelando, al ritmo que los dioses tengan trazado, el verdadero sentido de vuestra existencia, de la de vuestros congéneres y del universo entero, pues ya sabemos que

Todo es Uno y Uno es Todo.

El giro que se ha producido es trascendental; de una existencia profana que sólo mira ad-extra, esto es, desorientada y absurda en medio de un mundo marcado por el error y la ignorancia, a la posibilidad de adoptar un nuevo punto de vista, el que le ofrece el Arte Real, que restituye a cada ser, cada cosa, circunstancia o acontecimiento, su verdadera esencia, su sacralidad, el entendimiento que todo es obra de un Principio Supremo, totalmente invisible e infinito, que por un acto enteramente misterioso se refleja a sí mismo y origina todos los mundos o planos de la Realidad. Se trata del advenimiento de una visión interior, que se proyecta hacia dentro o hacia el origen del Ser.

Simbólicamente, y por tanto realmente, el hombre viejo que hay en vos ha muerto y por el descenso de la influencia espiritual que se produce en este rito iniciático, ha nacido un hombre nuevo. Ahora todo os resultará genuino y asombroso; nada sabéis de esta nueva visión hasta que comencéis a empaparos de ella; absolutamente todo debe ser reaprendido a través de la más alta capacidad que es la “intuición intelectual” y cuya residencia simbólica se sitúa en el corazón del hombre o en el Ara del Templo. Os habéis convertido en un explorador que busca la realización espiritual cuyo alcance es mucho más amplio y va mucho más allá de la cuestión puramente social o psicológica. Se trata de la posibilidad de la Liberación total y eso está por encima de lo individual e incluso de lo universal.

La Masonería, como arca viviente de símbolos y ritos antiquísimos, os ofrece una fuente inagotable de vehículos que os ayudarán, si sois paciente y perseverante, a desvelar los arcanos más profundos del hombre y del cosmos. Miréis donde miréis, a Oriente u Occidente, al Mediodía o a Septentrión, hacia el Cenit o el Nadir, los símbolos están ahí, con toda su energía, para transmitiros ideas-fuerza. Todo lo que oigáis a partir de ahora surge de un soplo divino, suprahumano, diseñado para promover el despertar de la conciencia. Cada gesto es prototípico, cada mito un relato arquetípico. Aquí no hay invención humana, sino un inconmensurable y generoso gesto divino del que habéis comenzado a participar conscientemente.

Este Misterio os hace enmudecer, de ahí que esta labor se emprenda en silencio y desde el silencio.

No sé leer ni escribir, sólo sé deletrear,

repetíais hace unos instantes. Y desde este estado de apertura, inocencia o desapego, coged con alegría las herramientas y poned manos a la obra, estudiad, meditad, invocad a los dioses, ofreced toda vuestra voluntad y recta intención y dejad que el Espíritu haga el resto. Trabajo solitario e intransferible y al mismo tiempo grupal, porque ¿qué busca vuestro hermano sino lo mismo que vos? La Masonería o Arte Real es una labor de cooperación; cada cual pone lo que es o lo que reconoce ser en cada momento, para contribuir así a la edificación del gran Templo Universal, en donde todo está perfectamente armonizado, según unas leyes precisas, que no rígidas. Todos los iniciados somos obreros de una misma Obra, o voces de un mismo coro, o bailarines de una misma danza trazada por un Principio Único que los masones llamamos G.·. A.·. D.·. U.·. .

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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EL FUEGO FILOSÓFICO


Posted By on jul 16, 2014

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Pontanus en su Epístola del Fuego Filosófico afirma que todo el magisterio de la Piedra se encuentra en las breves palabras del único Hermes. Veamos que dice Hermes en su discurso La Clave:

La mente, pues, cuando marcha del cuerpo terrenal se reviste inmediatamente de su propia vestimenta adecuada, esto es, una vestimenta de fuego…,

y añade más adelante:

la mente es la hacedora de las cosas, y al hacer las cosas usa al fuego como instrumento.

La mente, nous, espíritu, corresponde al fuego, siendo análogo a la voluntad. El fuego filosófico se identifica pues con la voluntad en cuanto ascesis encaminada a obtener un desarrollo espiritual.

Este fuego disuelve las “conchas”, las impurezas incrustadas en el alma o mundo intermedio, cuyas densidades impiden a las influencias celestes descender a la Tierra Filosófica, del mismo modo que impide ascender las influencias telúricas hacia la Bóveda Celeste.

El mundo intermedio o alma es el lugar donde ambas influencias sutiles deberían mezclarse y rectificarse mutuamente, por eso la primera operación de la Obra es la purificación de la Materia, para lo que previamente el Artista debe haber aprendido a encender el fuego extrayéndolo, por los medios apropiados, de la Mina donde arde consumiéndose a sí mismo en espera de ser liberado, así como a manejarlo según los grados convenientes a cada fase de los Trabajos. Pues si su presencia ha de ser constante, sin él no sería posible realizar la Obra, su intensidad no es siempre la misma.

El fuego, siendo un elemento natural, aunque de origen celeste, sufre alteraciones de grado según las leyes que rigen la Naturaleza, por lo que ésta ha de ser nuestra primera maestra y guía.

Así pues, una vez el aprendiz del Arte conoce la Materia, el Fuego y sus grados, puede comenzar los Trabajos de la Obra, y empezará por la putrefacción, pues la vida sólo puede surgir de la muerte, y sin regeneración no es posible extraer el calor del Azufre ni la humedad del Mercurio.

Es necesario añadir que aun cuando se habla del fuego en singular, como siendo uno, habría que considerarlo como doble; uno celeste y otro terrestre. El celeste es puro, luz que no quema, mientras que el terrestre ilumina pero quema, y es impuro. Sin embargo los dos son necesarios.

El fuego terrestre es connatural a todo ser, siendo aquel calor que anima la vida y la sustenta. Pero así como en los seres sin razón dicho fuego es el que les permite sobrevivir, en el ser humano, dotado de razón, puede ser el aguijón que le hiera y la cadena que le ate a los mundos inferiores, o bien la chispa que prenda en él la llama oculta en el fondo de la Mina.

Ahora bien, puesto que es necesario un impulso hacia lo superior, éste sólo se producirá si el fuego celeste desciende y anima al fuego terrestre; de esta forma será posible el ascenso de la oscuridad a la luz.

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* Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.

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Escribe el maestro René Guénon en Aperçus sur l’Initiation que es consecuencia lógica inmediata de la iniciación, en tanto que segundo nacimiento, que “el iniciado reciba un nombre nuevo, diferente de su nombre profano; y ello no consiste en una simple formalidad, puesto que este nombre debe corresponder a una modalidad igualmente diferente de su ser, cuya realización se hace posible por la acción de la influencia espiritual transmitida por la iniciación” (cap. XXVII). Designar a un miembro de una organización iniciática por su nombre profano “será tachado de falsedad, poco más o menos como lo sería la confusión entre un actor y un personaje del que desempeña el papel, cuyo nombre se aplicase a aquél obstinadamente en todas las circunstancias de su existencia” (ibid).
En el Programa Agartha se nos dice que nombrar es dar existencia inteligible a las cosas, rescatando de ellas su identidad, su cualidad y su sentido más noble y universal. Esta facultad, que ejercemos al pronunciar un nombre simbólico, está otorgada por Dios y se vincula a la intuición espiritual. Con el nombre se atribuye función y destino al ser nombrado.

Siendo así, os ruego, QQ. HH., que queráis nombrarme H. Ermitaño a partir de ahora. El Ermitaño representado en la novena carta del Tarot anda en las tinieblas con la débil luz de un farol en la mano. Se diría que va en busca de la verdadera luz, al igual que todos los que hemos solicitado ser recibidos masones; su imagen proyecta en nosotros el recuerdo de que “no somos realmente masones hasta el día en que nuestro espíritu se ha abierto a la inteligencia de los misterios de la Masonería” (Ritual del primer grado simbólico). Como masón, mi destino no es otro que posibilitar la iluminación efectiva de mi corazón.

Nombrándome así, me estaréis llamando 9. Es el número de la circunferencia, cuyos puntos indefinidos no pueden existir más que a partir del centro, del cual son su reflejo aparente, y al cual deben retornar al concluir el ciclo. 9 es 32 ó 3 x 3; contiene pues, al número del Aprendiz, sobre el cual la Triunidad principial actúa y al cual eleva sosteniéndolo, como el báculo al Ermitaño.

El Ermitaño es símbolo de la interioridad, de los conocimientos ocultos, de la iluminación y la sabiduría, de la paciencia, de la perseverancia, del acallamiento de las pasiones; en definitiva, de lo que está en nosotros virtualmente.

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